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Hernán Payome Villoria

Director




¡Si no es ahora, no será nunca!


Por Hernán Payome Villoria


Lo sucedido en el plano ciclístico a nivel internacional en los últimos doce meses parece haber tomado por sorpresa a más de uno, quizás porque eran tan distantes los triunfos de los nuestros que era mejor abandonar el barco cuando se estaba hundiendo, o tal vez el escepticismo era tanto,  que hablar de ciclismo resultaba poco estimulante.

Se entiende, en parte, que cuando la música no es buena, pocos salgan a bailar, pero con el ritmo que han impuesto los ciclistas colombianos en los Juegos Olímpicos, Giro de Italia, Tour de Francia, por citar sólo algunos eventos, es imperdonable que quienes pueden y deben apoyarlos se hagan los de la vista gorda y dejen pasar este momento como si fuese de fácil repetición.

Se sabía que Rigoberto Urán, Sergio Luis Henao y Carlos Alberto Betancur tenían muy buenas posibilidades de figurar en el Giro de Italia y que, además, era la puesta en escena del Team Colombia… y nadie fue. Los que antes no se perdían ni la corrida de un catre, consideraron poco importante o rentable el cubrimiento informativo de una competencia de esta magnitud, con la participación de 15 corredores colombianos. Las voces de locutores argentinos fueron las que, con inocultable emotividad, lograron transmitir esa energía positiva a una afición que se pegó a las pantallas de los televisores, como no lo hacía desde finales de los ochentas.

Este abandono poco patriótico (en un país “patriótico” a morir), fue subsanado parcialmente en el Tour de Francia con el cubrimiento que hizo la televisión estatal; no haberlo hecho hubiese sido la soga para el condenado. Sin embargo,  ninguno de los grandes medios informativos de Colombia estuvo presente en tierras galas para dar una versión más fidedigna de lo que sucedía con Nairo Quintana y José Serpa en el Tour. Fueron los medios foráneos, televisivos y virtuales, los encargados de dar de viva voz los testimonios de los corredores nuestros.

Nairo regresó al país, y toda la prensa estuvo allí. Los informes de los noticieros ya no duraron catorce segundos; esta vez duraron dieciséis. Es un avance que no debe despreciarse. Cualquier cosa es cariño, aunque hay cariños que matan.

Al preguntársele al corredor Nairo Quintana, en rueda de prensa, sobre la promesa que le hizo el Presidente en Palacio de entregarle cinco bicicletas para que él las regalase según su criterio, el muchacho de Boyacá respondió: “Estoy agradecido, pero eso no ayuda mucho”. Más adelante insistiría, en varias oportunidades, en que lo que necesita el ciclismo colombiano es apoyo a nivel estatal, departamental, municipal, etc., y que se le devuelva a las regiones las olvidadas Escuelas de Ciclismo que son el estandarte fundamental para comenzar un verdadero proceso de recuperación del deporte insignia de Colombia.

Por eso resulta bastante claro, que es en este momento y no en otro, que deben aparecer en el escenario el Estado y la Empresa Privada para brindar apoyo, pero apoyo de verdad, no temporal ni oportunista.

Resulta imperdonable que todos los días se hable del crecimiento de las empresas colombianas, de la línea ascendente de la economía nacional, de la excelente inversión extranjera, de las exportaciones, y un sinnúmero de cifras y signos que sólo consiguen descrestar parroquianos, pero que jamás se traducen en inversión social ni en apoyo directo y entusiasta al deporte, no solamente al ciclismo, sino a todas las disciplinas. Hasta allí llega la arrogancia del crecimiento económico; de ahí en adelante sólo se escucharán frases como: “no mijito, plata no hay, la cosa está muy difícil”. ¡Qué ironía!

Si realmente quiere hacerse algo por los ciclistas de Colombia debe empezarse desde ya; no se puede esperar un día más. ¿Para qué? ¡No tiene sentido! ¡Es contradictorio! Si de verdad se quiere ayudar, debe comenzarse de manera inmediata.

Por eso se hace imperativo tomar decisiones urgentes como la de institucionalizar una franja deportiva diaria, a través de Señal Colombia y/o canales privados, en la que tenga participación personal periodístico idóneo que se constituya en el conducto regular para la masificación del deporte en Colombia, no tanto para buscar medallas, sino para construir sociedad. Estamos plenamente seguros de que hablando de deporte, lograremos muchísimo más que si seguimos tocando temas como el sicariato, la prostitución y los amores de novela. Infortunadamente hay quienes no entienden razones.

Es hora ya, y mañana será tarde, que se rescate el máximo evento deportivo de nuestro país, La Vuelta a Colombia en bicicleta, con un cubrimiento televisivo a la altura de las carreras europeas, sin fallas, sin errores, sin excusas, porque cuando los corredores van sobre la bicicleta tampoco se les permite tener excusas y, en ocasiones, se les exige más de lo que pueden dar.

De igual manera, es hora ya, porque mañana puede ser tarde, que con suficiente antelación se conozcan en detalle el recorrido de La Vuelta a Colombia, los equipos participantes, cronograma, etc., además de contar con participación extranjera de reconocida calidad, cuya presencia ayude a rescatar un espectáculo que ha dejado de llenar calles y avenidas, y que no logra compararse con lo que fue hace algunos años, pese a que ahora la explosión demográfica daría para tener un aficionado cada metro en las carreteras de nuestro país. Todo ello respaldado, obviamente, por un inobjetable y creíble control anti dopaje que no genere ningún tipo de dudas ni suspicacias.

Hoy todo es fiesta y alegría; todos hablan del mismo tema. Ojalá cuando hayan terminado el Tour de L´Avenir, la Vuelta a España y los Campeonatos Mundiales de ciclismo en Italia, no se apaguen las antorchas y todo vuelva a la desidia y al abandono, como ya es costumbre.

¡Si no es ahora, no será nunca…, y sobrarán las excusas!