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Piñones sueltos PDF Imprimir E-mail


Por Hernán Payome Villoria


Comenzó este domingo en Quito (Ecuador) la sexagésima tercera versión de La Vuelta a Colombia en bicicleta, la misma que da como máximo favorito al español Óscar Sevilla quien, al ganarla, se convertiría en el cuarto extranjero en alcanzar tan preciada victoria, y en el primero de ellos no llamado José, teniendo en cuenta que la han ganado José Beyaert (1952), José Gómez del Moral (1957) y José Rujano (2009).

Al mirar la lista de corredores inscritos para la edición 63, llama la atención que la veteranía se esté apoderando poco a poco del máximo evento deportivo de nuestro país. Aunque en honor de una crítica sana, debe aceptarse que esta circunstancia no se da solamente en el ciclismo sino que abarca otras disciplinas deportivas.

Para el caso específico de La Vuelta a Colombia, competencia que otrora fuera ganada por ciclistas muy jóvenes como  es el caso de Efraín “El Zipa” Forero con veinte años de edad, Cochise con 21, Oliverio Rincón con 21, Rafael Antonio Niño con 20,  Rubén Darío Gómez con 19, etc., parece marcarse otra era del ciclismo colombiano en la que, quienes la ganan o son grandes favoritos al título final, rondan los cuarenta años de edad. La excepción a la regla es Sergio Luis Henao, campeón de La Vuelta a los 22 años, en 2010.

Este fenómeno, cuya causa no puede atribuirse a un único factor, ha hecho que muchos de los aficionados  literalmente se hayan desconectado del ciclismo, llevándose consigo patrocinadores y anunciantes.  Con el paso del tiempo, se va entrando “inconscientemente” en un círculo vicioso en donde no puede establecerse cuál es el punto de partida.


(   ) ¿Será que el proceso de los Sub 23 ha dejado de ser llamativo para los grandes equipos de marca, y se prefiere ir en busca de resultados inmediatos echando mano de la experiencia pero sacrificando la juventud?

(    ) ¿Será porque el Estado colombiano abandonó de manera irresponsable el proceso de las escuelas de ciclismo, fuente inagotable de talentos?

(    ) ¿Será que el monopolio en los medios informativos ahuyentó, ante la desidia y el aburrimiento, a las jóvenes promesas del ciclismo colombiano, a sus potenciales patrocinadores y al público en general?

(    ) ¿Será que esos medios de comunicación centraron toda su energía en promover el fútbol y dejaron al garete la juventud que intentaba abrirse paso en otras disciplinas deportivas?

(    ) ¿Será que las nuevas generaciones sólo se sienten atraídas por el ciclismo foráneo, emigrando indiscriminadamente, a veces sin un norte definido?

(    ) ¿Será que la fundamentación, preparación, técnica y estrategia están fallando?

(    ) ¿Será que el haber entregado en bandeja de plata la malla vial colombiana a las grandes concesiones convirtió los chequeos de los clubes en un auténtico drama, conllevando una inevitable disminución de la cantera de nuevas figuras?

(    ) ¿Será que, definitivamente, son escasos los corredores con el talento innato para disputar una Vuelta, sin tener que esperar quince años para lograrlo?

( X ) ¿Todas las anteriores?


Hasta hace tres años, aún Hernán Buenahora, Israel “El rápido” Ochoa y José Castelblanco ponían en aprietos a jóvenes que tenían la mitad de su edad.

Podemos afirmar que es plausible que un deportista de cuarenta años mantenga su nivel competitivo, y que éste se interprete como consecuencia lógica de una vida sana, activa y muy disciplinada. Pero también podríamos ver con preocupación que, al menos sobre el papel, no se vislumbren jóvenes que logren inquietar a los veteranos.

O, tal vez, es el precio que tenemos que pagar por dejar escapar a nuestros mejores corredores, ante la imposibilidad de poder ofrecerles un mejor futuro, el cual, como es obvio, tienen derecho a buscar en Europa, sabiendo de antemano que sólo volverán a correr en Colombia cuando ya lo hayan corrido todo allá. Y, con seguridad, lo harán con ganas de seguir triunfando en nuestro país aunque, para ello, deban poner a los juveniles a cargar caramañolas hasta envejecer. Sólo aquellos muchachos que tengan talento y las agallas suficientes para dar su grito de independencia podrán salir adelante; los demás, probablemente tengan que limitarse a seguir en cola del grupo por saecula saeculorum.


Quizás una profunda reflexión sobre cada uno de estos aspectos nos permita aclarar, particularmente después de lo visto en el Giro de Italia, si lo que anda bien son los ciclistas de Colombia o el ciclismo colombiano. Porque, desde nuestra perspectiva, “Ciclistas colombianos” y “Ciclismo colombiano”,  son dos cosas muy, pero muy diferentes, que no deben causar confusión.

Ciclista colombiano es un muchacho nacido en Colombia que intenta abrirse paso, con o sin ayuda, en el complejo mundo del deporte de alta competencia. Ciclismo colombiano, es toda una infraestructura deportiva, una gigantesca maquinaria, en la que más de un piñón anda suelto y, sin embargo, muchos son los que parecen haberse  acostumbrado a su fastidioso ruidito, sin que esto les moleste ni preocupe; finalmente lo único que les importa es ir montados en ella, pero sin incomodar al maquinista de turno, obviamente!


De seguir así, ni siquiera la gran actuación de los Ciclistas colombianos logrará rescatar el Ciclismo de Colombia.