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Por Hernán Payome Villoria


Existe una errónea tendencia a ser demasiado patriotas, casi chovinistas, sólo cuando nos conviene.

Si ganamos en algo, entonces somos los machos, los más valientes, los héroes, los inigualables e inalcanzables. Pero, si perdemos, entonces fue porque nos hicieron trampa, porque hubo un complot en contra nuestra, porque todos se unieron para destruirnos.

El Giro de Italia puede tomarse como el mejor ejemplo para expresar este punto de vista.

Por otra parte, debemos poner el espejo retrovisor para ver quiénes pueden tomarse como propios los triunfos de nuestros deportistas y quiénes no. Sin embargo, no nos cansaremos de insistir en que el triunfo pertenece básicamente a ellos, a los deportistas, que son quienes se quiebran el lomo sobre una bicicleta, llueva, truene o relampaguee.

No conozco el primer caso en el que un médico cirujano haya salido en hombros por haber realizado con éxito una ovario histerectomía; ese es su trabajo. Tampoco  veo la necesidad de que cada vez que uno de los deportistas colombianos consigue una medalla o gana alguna competencia, sea la disciplina que sea, los dirigentes deportivos y políticos de turno asuman estos logros como propios. El triunfo tampoco pertenece a los periodistas, y mucho menos a los medios de comunicación que, para el caso específico del Giro, brillaron por su ausencia. De todos es conocido que se da más importancia a los enlatados, a los degradantes programas de chismes, se hace constante apología al sicariato y a la prostitución, etc. porque, para nuestra cultura, quizás eso sea lo que genere más sintonía. Hablar de deporte, de educación, de salud, de ciencia, de tecnología,  de cosas nobles, no es rentable. Por eso, aun sabiendo que quince de los nuestros se la iban a jugar a muerte en el Giro de Italia, nadie fue, la prensa colombiana no estuvo presente, dejando una silla vacía que todo el mundo vio. Es algo realmente vergonzoso. El día en que desaparezca la Agencia EFE, habrá muerto el periodismo deportivo en Colombia.  El problema se complica cuando los mal llamados dirigentes deportivos sobreestiman a los grandes monopolios de la comunicación, pero miran de soslayo a los comunicadores independientes o de provincia que son quienes, realmente, están al lado de los deportistas cuando inician su camino por la vida. Los grandes medios saben perfectamente dónde es que ponen las garzas, así que sólo los veremos en los Juegos Olímpicos y Campeonatos Mundiales, pero  jamás estarán en el circuito de barrio o en los chequeos de Liga, porque eso no es rentable. Allí se les acaba el patriotismo.

El espejo retrovisor nos permite ver en el pasado a un Rigoberto Urán formándose en el Orgullo Paisa, equipo que también fue catapulta para los corredores Carlos Alberto Betancourt y Sergio Luis Henao quien comparte raíces con Colombia es Pasión, formación que además brindó apoyo a  Darwin Atapuma, Jarlinson Pantano y Robinson Chalapud.

Y gracias a la formación y apoyo de algunos hacia Rigoberto Urán, fue que éste sumó los quilates para asumir el reto personal de irse a aventurar a Europa hace cerca de siete años, en los cuales tuvo que saltar matones y superar mil contingencias, incluso graves accidentes,  para poder llegar al lugar de privilegio en el que hoy está.

Por eso, cuando Rigoberto Urán firmó con el equipo británico SKY, todos nos alegramos porque lo hacía con el mejor equipo del mundo; sin embargo, ahora se pretende censurar que el corredor nuestro haya desempeñado funciones de gregario. Es que, independientemente de si es  o no colombiano, Urán fue contratado para desempeñar esa función porque, como en toda empresa, hay jerarquía, y donde manda capitán no manda marinero; así de sencillo. Y mientras Wiggins tuviera alguna opción seguiría siendo el jefe. Cuando esa opción desapareció, pues cambiaron los planes…algo fácil de entender. Pero no podemos seguir argumentando que el Giro se perdió por culpa de los ingleses; eso es querer seguir en la oscuridad. Como tampoco podemos asegurar que se perdió porque modificaron, recortaron o cancelaron alguna de las etapas. Las desfavorables condiciones climatológicas, la nieve, la amenaza de avalancha, etc. es algo que quedó muy claro ante los ojos del mundo. Y las etapas fueron modificadas para todos los ciclistas, no solamente para los colombianos.

Se dirá que por qué las de montaña. La respuesta es muy sencilla: porque era allí donde la nieve ocasionaba problemas. Pero las montañas no solamente tienen subidas, también tienen bajadas, y en las bajadas los europeos, particularmente Vincenzo Nibali, tienen más destreza que los colombianos, así que sería fácil suponer, también, que nos salvamos de haber perdido más tiempo del que se perdió gracias a que esos terrenos en descenso se suprimieron. La culpa la tenemos nosotros mismos por seguir creyendo que somos los mejores escaladores del mundo. Eso no es literalmente cierto; Nibali ganó la cronoescalada y en Las Tres Cimas de Lavaredo.  Además, en el ciclismo moderno ser “escarabajo”, escalador, trepador  o como quiera llamarse, no lo es todo. Hay que saber hacer excelentes contrarreloj, ubicarse en un lote, y defenderse en el terreno llano. Estamos en mora de aprender esos detallitos hace sesenta años. Ocupar el puesto 20 entre 23 equipos es clara radiografía de cómo andamos en ese aspecto. Es que las cifras no mienten. Si Urán, Quintana y Henao ya se defienden en las etapas a cronómetro,  es porque recibieron fundamentación que ahora es reforzada en sus respectivos equipos europeos, aunque debe mejorarse bastante. Es que para ganar un Giro, una Vuelta o un Tour es útil ser escarabajo, pero siempre y cuando se avance en los demás aspectos. ¿Por qué ganó el Tour Bradley Wiggins en 2012 si no es el mejor escalador del mundo? No, no lo es, pero ganó la contrarreloj sobre su compañero Christopher Froome quien, curiosamente, también fue el Sub Campeón del Tour. Es decir, los dos primeros en la crono, fueron los dos primeros de la general. Con Nibali sucedió algo similar en el Giro: tercero en la crono por equipos, cuarto en la crono individual y primero en la cronoescalada; además baja como los dioses. Rigoberto Urán cedió ante Nibali 1´26” en la cronoescalada y 1´27” en la llana, mientras Carlos Alberto Betancourt perdía 4´58” con Nibali, y 1´52” ante su eterno rival, el polaco Rafal Majka en la contrarreloj llana. En la polémica etapa en la que Bradley Wiggins defeccionó, Rigoberto Urán perdió 1´36” ante Nibali, pero quedó distanciado en la general final por 4´43”, lo que significa que no fue por esta circunstancia que no se ganó; es una sumatoria de factores o vivencias a lo largo de tres semanas de competencia. Un Giro, Tour o Vuelta, jamás se ganan o pierden en un solo día.  Aún siendo los mejores escarabajos del mundo, las crono en terreno plano siguen siendo el talón de Aquiles, y hay que mejorar mucho más.

Infortunadamente en Colombia seguimos subestimando ese aspecto y, por ende, seguimos perdiendo el año. Son muy pocos quienes se preocupan por la fundamentación y preparación para las etapas contrarreloj. Incluso aún son detectables errores de ergonometría, y siguen viéndose posiciones poco ortodoxas cuando se va montado sobre una bicicleta. Todo eso va sumando, y por eso perdemos. No es porque recorten los recorridos, ni porque todos estén dopados, ni porque todos estén en contra nuestra. Eso es una falacia. ¡Nos mata el patriotismo!

Seguirán brotando de la tierra muchachos como Urán, Betancourt, Henao, Quintana, Anacona, Rubiano, Atapuma, Serpa, Duarte, Pantano, Chalapud y compañía, y con toda seguridad lograrán grandes conquistas como producto de un monumental sacrificio personal y familiar,  y quizás de dos o tres mecenas de turno pero, de igual manera, jamás faltarán aquellas aves de rapiña que esperan el momento oportuno para devorar una presa que jamás ayudaron a cazar.