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Portada Editorial ¡Cuando la EPO baja, Colombia sube!

      

¡Cuando la EPO baja, Colombia sube! PDF Imprimir E-mail


¡Lo que causa daño es el virus; jamás el diagnóstico!


 Por Hernán Payome Villoria


Desde esta tribuna de opinión siempre hemos atacado de frente y sin otra arma que nuestro teclado, el degradante consumo de sustancias dopantes. Infortunadamente, a muchos les duele; sus razones tendrán. A otros, no solamente les duele, sino que, apoyados en el poder que les da su cargo, algunas veces periodístico, intentan disuadir, confundir, engañar, ocultar y justificar lo injustificable. Es en este momento que debemos retomar la frase de los abuelos, aquella que decía: “el mal es mal aunque lo haga todo el mundo, y el bien es bien, aunque no lo haga nadie”. Eso no tiene vuelta de hoja.

El importante y reconocido Diario AS, ha hecho énfasis en que con el escándalo del dopaje recientemente reavivado con el caso Armstrong y el de otros más que se han arrodillado voluntariamente ante el confesionario, el consumo de sustancias dopantes, particularmente EPO, tiende a bajar. Y eso, quiérase creer o no, beneficia a los corredores nuestros que se enfrentan a diario a los otrora inalcanzables europeos y norteamericanos. Y ven con marcado optimismo el renacer del ciclismo colombiano, de un ciclismo limpio que intenta abrirse campo nuevamente en las montañas que dominó a su antojo en la década de los ochentas. En las etapas contrarreloj algo se ha mejorado, y en la montaña se ha confirmado que cuando todos corren de igual a igual, vale decir “limpios”, las cosas son a otro precio y los colombianos vuelven a figurar. Caso reciente ha sido La Vuelta al País Vasco en donde Nairo Quintana, Sergio Luis Henao y Carlos  Alberto Betancourt, brillaron con luz propia e hicieron recordar aquellos momentos que ya parecían perderse en la oscuridad de un injusto olvido. Claro que no podrá cantarse victoria hasta tanto no se mejore radicalmente en las etapas a cronómetro, particularmente en aquellas largas y con escasa o nula montaña, pero resulta reconfortante que la crítica mundial desempolve los archivos y vuelva a hablar de los “escarabajos” colombianos.

La mejor oxigenación no es la que es favorecida por la EPO, sino aquella que se logra mediante los entrenamientos y permanencia en altura; y en eso, los nacidos en Colombia tenemos una descomunal ventaja respecto de los del viejo continente. Carlos Alberto Betancourt ha dicho: "Ahora, con más controles, tenemos dominio ante los europeos. El venir de la altura nos da un poco más de beneficio. Yo me entreno a 2.500 metros, y al nivel del mar se siente la diferencia".

Nadie daba un peso porque el escándalo Armstrong resultaría beneficioso para el ciclismo colombiano; nadie! Muchos consideraron que hablar del tema era hacerle un mal al ciclismo y prefirieron callar. Lo que causa daño es el virus; jamás el diagnóstico. Por eso seguiremos considerando que el paciente debe reconocer sus propios males, sus propias enfermedades, sin miedo a sonrojarse, como único camino para buscar la cura. Y con seguridad se encuentra. Pero poco y nada aportan actitudes censurables de querer tapar el sol con un dedo y de subestimar la inteligencia de los demás.