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Un ciclismo DESIERTO PDF Imprimir E-mail


¿De regreso a un ciclismo limpio?



Por Hernán Payome Villoria


Tras conocerse el veredicto de la Unión Ciclística Internacional (UCI) que despoja a Lance Armstrong de los títulos como campeón del Tour de Francia de manera consecutiva entre 1999 y 2005, surge la pregunta de quiénes pasarán a tomar su primer lugar en el podio. Sin embargo, también es de público conocimiento  que el máximo ente rector del ciclismo ha declarado desierto el título para las siete ediciones.

Simplemente, de manera ilustrativa, podrá recordarse que las clasificaciones del podio en este funesto período fueron las siguientes:


Año Primero Segundo Tercero
1999 Lance Armstrong (EE.UU.) Alex Zulle (Suiza) Fernando Escartín (España)
2000 Lance Armstrong (EE.UU.) Jan Ullrich (Alemania) Joseba Beloki (España)
2001 Lance Armstrong (EE.UU.) Jan Ullrich (Alemania) Joseba Beloki (España)
2002 Lance Armstrong (EE.UU.) Joseba Beloki (España) R. Rumsas (Lituania)
2003 Lance Armstrong (EE.UU.) Jan Ullrich (Alemania) Alexander Vinokourov (Kazajistán)
2004 Lance Armstrong (EE.UU.) Andreas Kloden (Alemania) Ivan Basso (Italia)
2005 Lance Armstrong (EE.UU.) Ivan Basso (Italia) Jan Ullrich (Alemania)


Con base en lo anterior, Jan Ullrich hubiese ganado cuatro Tour, sumando aquel conquistado en 1997. Por su parte Alex Zulle, Joseba Beloki,  Andreas Kloden e Ivan Basso hubieran saboreado las mieles del triunfo si no se hubiese atravesado en su camino el norteamericano Armstrong.

Esto es lo que indican  las estadísticas pero, dadas las sorpresas que a diario brindan los polémicos casos de dopaje, es prudente no meter las manos al fuego por nadie, porque los adelantos de la ciencia permiten cada día con mayor exactitud, reportar casos de dopaje con muchos años de retroactividad. Si aún se conservaran muestras de laboratorio, sería posible detectar sustancias prohibidas, que en su momento no lo eran o simplemente no fueron identificadas oportunamente. Por eso, como anotábamos en un comentario anterior, el largo período de tiempo que transcurre entre las competencias y el reporte oficial de resultados de laboratorio (incluidas apelaciones), permite que se  “corra hoy  y se gane mañana” o, que se “gane hoy y se pierda mañana”. Todo este ambiente de escepticismo e incertidumbre hace que al aficionado se aleje de los escenarios deportivos (no solamente del ciclismo) y que no logre creerse que todo lo que brilla es oro. Infortunadamente seguirán pagando justos por pecadores  y, por tal razón, nadie podrá descartar que alguno de los Tour mencionados haya sido ganado por un corredor clasificado, por ejemplo, en la posición 37. Y, aunque esto parezca jocoso, no tendría nada de extraño, máxime cuando el mismo Lance Armstrong tuvo la osadía de afirmar que sólo cinco corrían “limpios”. Es decir, el campeón no solamente pudo haber sido quien aparece en la posición 37, sino que también tendría opción aquel que quedó último.

De esta forma, el “arte del dopaje”  causa dos males evidentes: permite que alguien gane haciendo  uso de la trampa y, segundo, impide que el ganador sea aquel que “se sacrificó entrenando como un loco”, para nada.

Mientras se siga manejando el falso concepto de que “yo me dopo porque los demás se dopan”, pues lo mejor será dejar la Farmacia Abierta y que cada quien haga lo que considere conveniente, pero sin tener el cinismo de llamar a esta actividad “Deporte” y, mucho menos, como el norteamericano de Texas, decir que lo “ama con desmesurada pasión”.

Hablando exclusivamente del ciclismo, hace falta volverse serios y aclarar y delimitar las cosas. Y no solamente en el Tour de Francia o los Juegos Olímpicos. Hay que ponerse serios también en el ciclismo de Colombia: a nivel élite, Sub 23, juvenil, pre juvenil y Sénior Master. De lo contrario, mejor apague y vámonos y dediquémonos a otra cosa.