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Portada Editorial El palo en la rueda

      

El palo en la rueda PDF Imprimir E-mail

Hernán Payome Villoria

Director


Terminó una versión más de La Vuelta a Colombia en bicicleta, una de las pocas carreras, si no la única, que ha logrado llegar a la no despreciable cifra de sesenta y dos ediciones en forma ininterrumpida. Ni siquiera carreras como el Giro de Italia o el Tour de Francia  pudieron lograrlo, porque las guerras mundiales lo impidieron. En Colombia, pese a la violencia de los años cincuentas,  el máximo evento deportivo de nuestro país pudo sostenerse en pie como una estatua que se fortalece con el paso del tiempo.

Sin embargo, leyendo los editoriales de La Vuelta en sus primeros lustros, pareciera no existir diferencia alguna con los que hoy se escriben en cuanto a los requerimientos que solían hacerse en espera de más apoyo y de una mejor difusión del evento. Ha pasado más de medio siglo desde aquel entonces, y las cosas no parecen cambiar. Es como si el tiempo no hubiese transcurrido.

Al concluir una Vuelta más, pueden extractarse cosas buenas y malas, y otras que sólo se clasifican según la lente con que se mire. Es imperdonable que al deporte que más triunfos a nivel internacional ha brindado a Colombia, sólo se le dediquen catorce segundos en los canales privados de televisión. Podría interpretarse esto simplemente como una ofensa o una broma de mal gusto. Todo parece indicar que ni el Ministerio de Comunicaciones, ni la Federación Colombiana de Ciclismo, han logrado, ni lograrán jamás, que a La Vuelta se le dé la difusión que merece. Sólo el esfuerzo de unos pocos, a través de la televisión cerrada, logró que La Vuelta a Colombia tuviera señal en vivo con imágenes aéreas, dando así un paso gigantesco en procura de la concordancia con el ciclismo mundial. Pero, aun así, queda mucho por hacer en el trabajo de difusión, máxime, si como contrapeso se tienen las clasificatorias al mundial de fútbol 2014. Debe entenderse que en este trabajo de difusión, todos los medios, grandes y pequeños, tienen como objetivo que el ciclismo vuelva por el sendero del que se salió hace mucho tiempo. No puede subestimarse a los medios independientes, regionales o de provincia, porque son éstos los que están presentes en las competencias de menor perfil, aquellas en donde los monopolios de la información brillan por su ausencia. Por eso, se convierte en un palo en la rueda, la actitud displicente y arrogante de la jefatura de prensa, ante los comunicadores que no pertenecen a los grandes  grupos económicos del país. Aquellos, cuyo trabajo se ve pasar casi desapercibido, son los que en sumatoria le llevan los lectores y oyentes a los grandes medios de la información. No puede esperarse la más idónea información si quienes, ejerciendo su labor periodística, no pueden presenciar en primera fila el desarrollo de la competencia. La Federación Colombiana de Ciclismo y su departamento de prensa, deben entender que el ciclismo no se analiza recurriendo a la magia, a la brujería,  ni a extenuantes sesiones de espiritismo. Los  representantes de los medios deben ver la carrera para poder emitir opiniones propias, independientes, imparciales y libres de influencias conceptuales. No se puede ser objetivo al hablar de aquello que no se ha visto. Esto conlleva una imperdonable falta a la ética profesional.

Pero,  además de las falencias en la divulgación del evento  durante la competencia,  debe hablarse también de la promoción previa, la cual resulta de imprescindible ejecución varios meses antes, para que el público se motive y esté atento al desarrollo de la carrera. Muchas veces, aficionados al ciclismo, apasionados por el deporte del pedal, lamentan no haber sido informados del cronograma de La Vuelta, porque los medios que deberían llevar a cabo esta labor, estaban ocupados en tocar otros temas, quizás menos constructivos. Para ello, es vital contar con el patrocinio de las grandes empresas, estatales o privadas, con suficiente antelación, lo que permita que pueda trazarse el recorrido casi finalizando la competencia actual, como suele hacerse en el viejo continente. Si hubiese un eficiente trabajo de promoción, el número de seguidores del ciclismo aumentaría exponencialmente. Si nadie se entera, seguiremos llegando a ciudades que jamás supieron la grandeza de espectáculo que iba a cruzar por sus calles.