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Escrito por Hernán Payome Villoria - Director   


Hernán Payome Villoria

Director


Soñar con que vamos a reverdecer laureles en una de las tres grandes competencias por etapas del mundo es algo más que auto engañarnos. En eso tenemos que ser claros, honestos y sinceros. Y no es que se carezca del talento humano para lograrlo; no! Es que las cosas han cambiado y las reglas de juego no son las mismas de la década de los ochentas. Es comprensible que después de haber bailado con la más bella, resulte poco estimulante bailar con la más fea, pero creo que así nos tocará. Hay que olvidarnos de sueños, de momento inalcanzables, y poner los pies en la tierra. Y aterrizar no es otra cosa que volver a empezar, organizar la casa y, lo más importante, creer en lo nuestro. Y en eso estamos fallando todos: los entes estatal y privado, los directivos, medios de comunicación, entrenadores, ciclistas e incluso, los aficionados.


Si bien es cierto que el dinero no fluye por montones como hace veinticinco años, tampoco debemos creer que no hay. Eso es falso! Sí hay. Lo que pasa es que no se adoptan políticas administrativas claras y transparentes que permitan que lo estatal llegue a donde debe llegar y que, además, motiven a la empresa privada a apoyar al deporte más representativo de Colombia. Pero ese apoyo no debe ser solamente encausado en la obtención de triunfos esporádicos de un grupo determinado de ciclistas. El apoyo debe ser destinado a la masificación de la actividad deportiva, rescatando las escuelas de ciclismo, respetando los presupuestos departamentales, haciendo verdaderas campañas de promoción y difusión a través de los diferentes medios de comunicación, incentivando económicamente al deportista con un salario base digno que impida la fuga de talentos, porque nada positivo se obtendrá si de cada diez ciclistas de gran calidad, nueve se van del país atraídos por mejores propuestas económicas. Y en ese aspecto hay que tener presente que a nivel sub 23 somos uno de los mejores países del mundo, pero eso no nos garantiza que podremos contar con ellos en una futura selección nacional de mayores. En este mundo son pocos los que trabajan gratis, y si se ve el dinero en otra parte, pues se van, así de sencillo. Y se han ido, incluso muchos a cargar caramañolas, pero con euros en el bolsillo.


Hay que volver a creer en el circuito de barrio, en el chequeo de Liga y en las Clásicas Departamentales. Igualmente debe motivarse al deportista con premiaciones que no solamente beneficien a los tres primeros; debe distribuirse de forma más equitativa y humana el pastel de la victoria. Y este llamado es extensivo a los medios de comunicación para que no se mencione a los mismos ciclistas siempre, como si los demás no hiciesen esfuerzo alguno o como si no existiesen. Todo esto desmotiva y aleja de las competencias no solamente al deportista sino a su respectivo patrocinador. Y si las etapas son tipo Tour, con recorridos demasiado exigentes, y en las primeras de cambio los humildes o discretos quedan fuera de límite o muy distanciados, la decepción se hará inmensa y no quedarán ganas de volver a intentarlo. Los recorridos deben ser acordes con el promedio de la categoría de los ciclistas, así se evitará también, que el deportista se sienta tentado o forzado al uso de sustancias estimulantes, pues etapas de casi doscientos kilómetros en nuestro trópico, difícilmente se terminan con banano y bocadillo.


Por último, qué bueno sería que el aficionado se tuviera en cuenta en la fiesta del ciclismo, siendo objeto de premios o incentivos decorosos, y no reciba viseras de papel que convierten en basurero el final de una carrera.


En las décadas de los sesentas y setentas Colombia disfrutó de un ciclismo auténtico, criollo, propio, con ídolos de verdad, con multitudes, y con llegadas inolvidables en los estadios y velódromos. Y todos éramos felices. Pero olvidamos el sancochito y, ahora, si no nos sirven caviar, pizza o paella, nada nos importa. Así es la vida!


Con situaciones como la sucedida, sólo estamos extinguiendo la semilla del ciclismo, que no son únicamente los ciclistas como suele creerse; la semilla de nuestro deporte la conforman también los pequeños patrocinadores quienes ven con tristeza cómo se van cerrando las puertas para anunciar sus productos o servicios. Y si no hay publicidad no podrá generarse dinero, y si no hay dinero, muchos serán los deportistas que no contarán con apoyo para comenzar su camino hacia el éxito. Parecen ser parte del pasado esas largas filas de ciclistas media hora antes de cada etapa, saludando a su papá, mamá y patrocinadores a través de la radio. Ya ni los propios padres de los muchachos logran enterarse si su hijo continúa en competencia, si se accidentó o simplemente fue eliminado por límite de clasificación.
Como van las cosas, poco a poco se irá apartando de nuestra memoria esa nostálgica pero emotiva frase que brotaba de la garganta de los aficionados, cada vez que se acercaba una carrera de ciclistas: ahí vienen los punteros.