Usted está en:
Portada Editorial Entre el Orgullo y la Dignidad

      

Entre el Orgullo y la Dignidad PDF Imprimir E-mail
Escrito por Hernán Payome Villoria - Director   

Hernán Payome Villoria

Director


El pasado mes de junio, en cumplimiento de La Vuelta a Colombia en bicicleta, había dos temas que centraban la atención de propios y extraños. El primero de ellos era, obviamente, la emoción generada por el evento deportivo más importante del país, con una camiseta de Líder que cambió de dueño casi a diario en la primera semana de competencia, pero que encontró portador definitivo a partir de la séptima etapa. El segundo tema, no era otra cosa que el gigantesco asombro al conocerse la noticia de que la cadena radial que no le falla al ciclismo, en esta oportunidad brillaría por su ausencia. Que cuáles fueron las causas? Que de quién es la responsabilidad o la culpa? Tal vez eso nunca pueda esclarecerse, pues existen puntos de vista diametralmente opuestos de parte de los dos protagonistas del conflicto: la cadena radial RCN y la Federación Colombiana de Ciclismo. Sus representantes jamás pudieron llegar a un acuerdo salomónico que salvara la transmisión de La Vuelta, afectando así a todos aquellos que de una u otra forma viven y se desviven por este deporte: ciclistas, patrocinadores, mecánicos, publicistas, medios de comunicación e incluso, a ellos mismos.


El efecto adverso pudo haber sido peor si no se hubiese contado con la transmisión televisiva de las últimas horas de cada etapa, los resúmenes nocturnos de la televisión privada y el enorme esfuerzo que hicieron otros medios radiales los cuales, infortunadamente, no cuentan ni con los recursos ni con la logística que se requiere en estos casos para garantizar un cubrimiento como lo exige la afición del ciclismo, que fue la que puso su grito en el cielo por toda esta situación.


Pero, con televisión o no, jamás debemos olvidar que la afición del ciclismo en nuestro país es eminentemente radial porque el mismo espectáculo así lo obliga. Las emociones de la competencia no comienzan cuando se inicia la transmisión; las emociones comienzan desde el banderazo inicial. Se argumentará que en Europa no hay transmisión radial, y es cierto, pero eso es allá, como también es cierto que allá hay cuatro estaciones, existe un nivel de desarrollo avanzado y una cultura diferente para vivir y difundir el deporte. Debemos ante todo aprender a reconocernos a nosotros mismos y a nuestra idiosincrasia. El ciclismo es un deporte de la calle, del campo, del pueblo, de multitudes. Y así deben ser los medios: de carácter masivo, como lo es la radio. Aplaudimos la transmisión por televisión, a pesar de las fallas que pudieron presentarse, pero recordamos que jamás debe descuidarse la transmisión radial porque, caso contrario, esto se acaba.


Con situaciones como la sucedida, sólo estamos extinguiendo la semilla del ciclismo, que no son únicamente los ciclistas como suele creerse; la semilla de nuestro deporte la conforman también los pequeños patrocinadores quienes ven con tristeza cómo se van cerrando las puertas para anunciar sus productos o servicios. Y si no hay publicidad no podrá generarse dinero, y si no hay dinero, muchos serán los deportistas que no contarán con apoyo para comenzar su camino hacia el éxito. Parecen ser parte del pasado esas largas filas de ciclistas media hora antes de cada etapa, saludando a su papá, mamá y patrocinadores a través de la radio. Ya ni los propios padres de los muchachos logran enterarse si su hijo continúa en competencia, si se accidentó o simplemente fue eliminado por límite de clasificación.
Como van las cosas, poco a poco se irá apartando de nuestra memoria esa nostálgica pero emotiva frase que brotaba de la garganta de los aficionados, cada vez que se acercaba una carrera de ciclistas: ahí vienen los punteros.