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Portada Editorial ¡No nos digamos mentiras!

      

¡No nos digamos mentiras! PDF Imprimir E-mail
Escrito por Hernán Payome Villoria - Director   

Hernán Payome Villoria
Director


El caso de Alberto Contador y su supuesto dopaje con Clembuterol ha dado para todo, incluso para apreciaciones, a nuestro juicio, más papistas que el Papa.

Después de muchos análisis y contra análisis hechos por científicos, logró comprobarse que la dosis de 50 picogramos/ml de Clembuterol encontrada en la orina de Contador era consecuencia de una intoxicación alimentaria. ¡Así de sencillo! Y pare de contar. Es más; el ciclista fue sometido a exámenes un día antes y un día después y no se descubrió nada anormal. Querer encontrarle más pelos al gato es simplemente adoptar una posición viciada que en nada beneficia al deporte, particularmente al ciclismo. Todo lo contrario: se estigmatiza mucho más de lo que está.

Si bien es cierto que como medios de comunicación debemos propender por inculcar la cultura de lo sano y transparente, pecar en excesos simplemente nos desviará del camino de la verdad y de la justicia. Rebasa las márgenes de la inocencia aquel que crea que con 50 picogramos/ml de Clembuterol puede ganarse una etapa del Tour de Francia y mucho menos la carrera completa. Esa dosis, aún si fuese ingerida de manera voluntaria, pasaría desapercibida ante los estimulantes que podrían encontrarse en un competidor de un simple circuito de barrio en las divisiones inferiores.

La política de cacería de brujas y de chivos expiatorios hace que no veamos de frente una realidad inocultable. Como se dice por ahí, a veces los árboles no dejan ver el bosque. Lo que pretendió hacerse con Contador –y que muchos quisieran que se hiciese aún- simplemente es un velo con el cual pretende taparse auténticas redes de tráfico de estimulantes que pululan a lo largo y ancho del universo. En otras palabras, conservando las debidas proporciones claro, equivaldría a llevar a la picota pública a un individuo común y corriente que hace uso de la autorizada “dosis personal”, mientras los grandes carteles miran la noticia a través de la televisión.

Que el amor por nuestro deporte y su transparencia no nos haga ver más allá de la realidad.