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Subida al Monte Gavia… Un Premio Inesperado! PDF Imprimir E-mail
Escrito por Hernán Payome Villoria. Fotos Nelson Rojas   




Subida al Monte Gavia (Italia). Foto Nelson Rojas



Relatos de dos periodistas colombianos en las montañas de Europa.


Por: Hernán Payome Villoria


Dice la historia, que el Monte Gavia fue incluido en el itinerario del Giro de Italia en 1960, pensando más en llamar la atención de los aficionados que en el bienestar de los ciclistas.

El Passo di Gavia, el Gavia, es un puerto de 26  kilómetros de   ascensión con paredes que llegan al 14% y una altitud que toca las nubes con sus 2.621 metros.  Es un premio de montaña de primera categoría en el Giro de Italia, y ha sido escenario para las grandes batallas libradas por ciclistas colombianos como Víctor Hugo Peña, Hernán Buenahora, Martín Farfán, José Jaime (Chepe) González, Raúl Montaña, etc. Ha sido incluido en el Giro en seis oportunidades (2010, 2006, 2004, 2000, 1999 y 1996) y  los colombianos han dejado plasmado su nombre con letras de oro al  pasar  en primer lugar  en 1999 y 2000 (José Jaime González) y en 1996 (Hernán Buenahora).  Sus 26 km  presentan rampas que  pueden oscilar entre el 7 %  y el 10 % y una máxima del 14 %,  aunque su pendiente media es del 5.4 %, lo que nos permitió (al igual que con el Stelvio) llevar un desarrollo  suave con la infaltable  “relación de reserva” que fue de mucha utilidad  cuando aparecieron  pendientes insospechadas.



Semáforo en Rojo (arreglos en la vía). Foto Nelson Rojas


La subida al Passo Gavia resultó ser un verdadero premio para nosotros; un premio inesperado.


Cuando  estábamos desayunando, aprovechamos  para mirar desde la ventana del comedor la montaña en donde vive el  Monte Gavia.  Llovía y no había esperanzas de que escampase. Sin embargo,  delgadas   nubes ascendían hacia la cúspide, indicándonos quizás, que aumentaba  un poco la temperatura y esto producía  evaporación.  Alguien, conocedor de la región, no tuvo mayor optimismo pero, aún así, tomamos la decisión de emprender el viaje.

A las 9.30, con una temperatura de cinco grados centígrados y una pertinaz llovizna dimos los primeros pedalazos despidiéndonos de Bormio (norte de Italia) y de su inolvidable hospitalidad. Muy pronto, demasiado pronto,  se inclina el terreno pero de manera respetuosa, sin ofendernos ni agredirnos. Así que conciliamos con la montaña: no la subestimaríamos, a cambio de que nos tratara con cariño. Creo que fue muy buen arreglo.


Rumbo al Monte Gavia. km 6. Foto Nelson Rojas


Sabíamos que eran 26 kilómetros, y las primeras rampas del 8% traían recuerdos de Patios rumbo a la Calera, pero multiplicándolo por cuatro en longitud. En intensidad eran iguales, al comienzo. Luego vinieron  rampas del 11 y 13%  que se prolongaban durante cientos de metros. En el Kilómetro tres vino el primer respiro, la cuesta   bajó su pendiente al 3%, y algunos trabajos de reparación  en la vía nos hicieron bajar el ritmo de manera obligada, factor que nos dio tiempo de hidratarnos.  La carretera era húmeda pero no llovía. Luego nuevamente se  inclinó la montaña en contra nuestra pero nada importante, sólo el 10%. Digo “sólo“, porque ya nos había maltratado el Mortirolo con  desniveles del 19 y 21%. En el kilómetro 10  se presenta nuevamente descanso, terreno llano, cero de inclinación. Esa paz nos dura sólo unos ochocientos metros y vuelve a pararse la carretera,  pero pasan los kilómetros bajo los neumáticos de las bicicletas y rápidamente viene un nuevo descanso entre el km 12 y el 13,4.  De allí en adelante los premios se acaban, la piñata ya no existe, se acaban las vacaciones  y debemos trabajar nuevamente en la montaña.  A la altura del km 14,7 viene  una  “desagradable” sorpresa: nieve en la carretera.  Segundos después los árboles ya se vestían de blanco y comenzamos a sentir  la nieve caer sobre nuestros cuerpos.  La camioneta nos adelantó, pero unos minutos después la vimos  estacionada a la margen derecha del camino.  Nelson, nuestro acompañante conductor, nos dio la mala noticia de que estaba cerrado el paso; así lo indicaban tres avisos con círculo rojo que prohibían la circulación de vehículos. Era el km 17.




A 5 km de la cima. Foto Nelson Rojas


Detuvimos allí nuestras bicicletas por espacio de treinta segundos ante tremenda sorpresa pero, sin pensarlo dos veces y haciendo  uso de una inocultable terquedad, decidimos continuar la aventura, sin vehículo acompañante, pero llevando con nosotros la cámara fotográfica para dejar testimonio de lo que nos aguardaba allá arriba.  Continuamos pedaleando los kilómetros finales y en una curva en herradura a mano izquierda nos encontramos con uno de los guardas de seguridad de la vía quien nos miró sorprendido, pero más sorprendidos quedamos nosotros al ver que no dijo absolutamente nada. Entre tanto, la nieve no cesaba de caer sobre los árboles, sobre la montaña, sobre nosotros y, lo peor, sobre la carretera.  Los kilómetros iban quedando atrás; de alguna forma indescriptible  aún podíamos pedalear.  El ascenso no era duro,  quizás era un premio que no esperábamos.  Y la nieve caía, caía, caía y caía cada vez más. La carretera se blanqueó, se tapó totalmente de nieve; creo que hubiésemos cambiado gustosos cada una de nuestras  bicicletas por un   buen par de esquíes. Sólo se veía un par de líneas que había dejado como huella el vehículo del vigilante vial. Así seguimos subiendo, rompiendo con nuestras ruedas  una capa de hielo o nieve de unos diez cm de grosor, tratando de no caer al piso. El ritmo fue considerablemente lento, pero ya no importaba. Nada importa cuando  estás viviendo estos momentos en medio de la naturaleza majestuosa, enorme, monumental.




Y por fin ...  en la cima del Monte Gavia. Foto Sólo Ciclismo



Allí arriba, tomamos unas fotografías mientras tiritábamos de frío.  Una vez logrado nuestro objetivo, iniciamos el descenso con todas las medidas de precaución y a la misma velocidad  a  la que subimos los últimos kilómetros: a cero por hora. Unos metros abajo nos encontramos con Nelson, quien había hecho caso omiso a la restricción de la policía vial (Nelson también es colombiano) y había subido a nuestro encuentro. Nos subimos a la camioneta y enrumbamos nuestras vidas hacia Francia, en una travesía  que reinició en el Gavia, pasó Bormio, Tirano, el Lago Como, Monza, Milán……y  aquí, en un  semáforo en el "corazón  mundial de la moda"  y escenario de  finales del Giro,  suspendo este relato mientras me dedico a mirar las calles a través de la ventana de la camioneta roja.