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Las Enemigas de los Ciclistas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Hernán Payome Villoria   


Asistencia médica en competencia


Cuando hablamos de ciclismo, muchas veces cometemos el involuntario error de referirnos solamente a las  competencias, a los protagonistas del espectáculo y, obviamente, a  los resultados. Y en otras ocasiones, quizás involuntariamente también, calificamos o descalificamos la actuación del deportista con base en nuestros criterios que no siempre coinciden con los  de quien va montado en una bicicleta.

Ver una carrera de ciclistas desde un vehículo es algo muy fácil, cómodo  y emocionante. Verla a través de la televisión o de la internet quizás resulte mucho más placentero. Y si la observamos a través de una revista o un periódico, la comodidad será extrema. Conclusión: ver los toros desde la barrera siempre ha sido muy fácil, como fácil resulta  observar a un ciclista que va quedándose del lote, va “perdiendo rueda” y queremos que vuelva a  conectar, quizás suponiendo que le falta voluntad para  lograrlo. Lo cierto es que  muy pocas veces tratamos de imaginar lo que ese ser humano va sufriendo o padeciendo.


Incluso, aún contándose con una excelente preparación y la mejor asistencia técnico mecánica, todo puede echarse a perder en un santiamén cuando aparece alguna de las innumerables enemigas del ciclista: las enfermedades.


Y dentro de este amplio número de enfermedades, hay algunas que pueden considerarse habituales en el mundo de las carreras de ciclismo. Basta con mencionar las patologías de carácter  gastrointestinal, la forunculosis, los calambres, las tendinitis, las mialgias agudas o crónicas usualmente relacionadas con malas posiciones sobre la bicicleta o con sobre esfuerzos, las infecciones respiratorias, etc.  Todas ellas, enfermedades que podrían incluso pasar desapercibidas en un individuo “común y corriente”  pero que se potencializan increíblemente en quien debe trabajar sobre una bicicleta.
No es lo mismo un estado gripal en un empleado de oficina quien quizás pueda ausentarse de su trabajo uno o dos días, que una gripe en un ciclista que presenta síntomas justamente el día que debe recorrer la etapa, por ejemplo, Ibagué-Bogotá. Y esta comparación podría hacerse válida para las demás enfermedades.


En  Revista Sólo Ciclismo.com  no pretendemos emular un tratado de medicina, pero sí resaltar la importancia que significa contar con un excelente estado de salud cuando de practicar deporte de carácter competitivo (particularmente) se refiere.  Quizás eso nos  ayude a ver al deportista como  el  frágil ser humano que es, y no como el extra terrestre que tiene la obligación de  ganar siempre y a quien no se le permite, siquiera, pensar en enfermarse.


Una de esas enfermedades del ciclista que suelen pasar desapercibidas ante el aficionado y de la cual, en ocasiones,  ni sus asistentes se enteran, es la forunculosis.



La Forunculosis se describe como una infección de las glándulas encargadas de producir el sudor, que desembocan a nivel de las axilas o de la ingle, pero pueden originarse en cualquier parte del cuerpo en los folículos pilosos. De producirse infección, se obstruye la salida del sudor y éste queda atrapado, retenido, lo que favorece que allí se desarrolle un cultivo de bacterias. Muchas veces logra controlarse la infección pero queda un quiste que se detecta como una zona inflamada y dolorosa. Si se controló la infección pero el quiste quedó allí, siendo causa de permanente dolor, particularmente al contacto, debe extirparse en su totalidad la glándula, mediante un procedimiento de drenaje o, en casos más avanzados, tratamiento quirúrgico.   Para evitar posibles recaídas, es aconsejable una excelente higiene, además del uso de antibióticos tópicos.


Pero, indudablemente, antes  que pensar en un tratamiento curativo, podríamos pensar en una actitud preventiva, razón por la cual, debemos hacer énfasis en que hay factores que de una u otra forma  facilitan la presencia de la forunculosis como, por ejemplo, el calor y la humedad de nuestro trópico, las largas jornadas sobre la bicicleta, los días lluviosos, una inadecuada higiene, e incluso el material con el cual están hechos los uniformes deportivos, especialmente las pantalonetas y la parte interna de éstas, es decir, las badanas. Debemos entender que no todo tipo de material es aconsejable, lo que obliga a la industria del deporte a seguir  investigando en ese tema para poder brindar al ciclista la máxima comodidad y el menor maltrato posible al área inguinal. Incluso se habla de badanas  hechas con fibras “antibacteriales”  que, muy seguramente,  ayudarán al deportista a prevenir este tipo de patologías. De igual manera existen en el mercado cientos de medicamentos con expresa indicación para  uso tópico, que también pueden contribuir a evitar la presencia de esta enfermedad.  Teniendo en cuenta todos y cada uno de estos factores de prevención, con seguridad estaremos minimizando la probabilidad de sufrir una forunculosis.