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¿Y si Nairo gana el Tour?



Por Hernán Payome Villoria


Después de la novena etapa del Tour de Francia, aquella que prometía romper en mil pedazos la clasificación general, evidentemente la polvareda y los adoquines fueron poco o nada hospitalarios con los corredores. Pero aparte de ello, sustancialmente no pasó mayor cosa, exceptuando como es lógico el lamentable retiro de Richie Porte y el retraso en más de un minuto del colombiano Rigoberto Urán. Ha pasado ya lo más difícil que se podría encontrar en el camino de quienes aspiran al título, los escaladores. Y es fácil apreciar a un Nairo Quintana indemne, en buen estado físico, quizás cargando a su espalda la pena de haber roto sus dos ruedas en la primera etapa, pero en apariencia entero, saludable, como en su mejor momento. Esto nos hace buscar los recuerdos y encontrarnos con aquel “desconocido” Nairo de hace cinco años.

En 2013, un colombiano lograba dar un fuerte campanazo de alerta al ser segundo en el centenario del Tour. Nairo Quintana, desconocido por muchos hasta la fecha, emergía del anonimato y se lanzaba de frente y sin temores en una lucha que le dejaría, además del subcampeonato, ser el mejor joven y campeón de la montaña. Ese día para los colombianos fue algo parecido a acariciar el cielo con las manos.

Dos años después, en 2015, la historia se repite. El campeón sería el keniano (nacionalizado británico) Christopher Froome. Nairo Quintana volvería a ser segundo, tres minutos y ocho segundos más cerca de Froome que en 2013 y repitiendo el derecho a portar la camisa blanca como mejor joven de la carrera.

¿Pero, su actuación realmente fue para los colombianos algo parecido a acariciar el cielo con las manos?

¡He aquí el inmenso interrogante!

Infortunadamente, nuestras culturas social y deportiva se mantienen a pesar del paso de los años. Alcanzamos el éxtasis en las victorias y nos sumimos en la depresión, la tristeza y el pesimismo en lo que, a veces, consideramos derrotas. Quizás el fútbol sea el deporte que más nos permite hacer este análisis, pero el ciclismo le sigue siempre a rueda. Por eso, el segundo lugar de Nairo Quintana en 2013 nos pareció mucho, casi TODO pero, su segundo lugar en 2015, nos pareció poco, casi NADA.

Entonces surgen dos nuevos interrogantes:

¿Qué pasaría si Nairo Quintana gana el Tour este año? La respuesta no es difícil de encontrar. La afición colombiana festejaría a rabiar un triunfo que por décadas se creyó imposible; creeríamos ser potencia mundial y escucharíamos falsas promesas de construcción de velódromos, centros de alto rendimiento y miles de escenarios deportivos  a lo largo y ancho del país. También se harían falsas promesas de creación de escuelas de ciclismo, apoyo a todos los Clubes y Ligas del país y pensión vitalicia para todo aquel que quedara en los 176 mejores del Tour.

¿Qué esperaría el aficionado en 2019?

En este caso no es tan fácil encontrar la respuesta porque, con seguridad, volver a ganar el Tour no satisfaría nuestras necesidades y carencias anímicas. Habría que lograr algo más. Pero ese “algo más” no existe (al menos hasta el momento de escribir esta nota). No existe una posición Cero, aquella que pueda ir por delante de ser primero. Entonces se acabaría el amor por el ciclismo. Ya no habría nada por conseguir si lo más encumbrado, al menos para los colombianos, era el Tour de Francia. ¿Importaría acaso volver a ganar la Vuelta a España o repetir en el Giro? ¿Alguien volvería a escuchar una Vuelta a Colombia? La respuesta es ¡No!

En realidad, lo que mantiene viva la afición de los colombianos es el amor por lo “inalcanzable” o por aquello que aún no hemos logrado. Después de que el objetivo se consigue, el amor desaparece. El primer lugar en la Vuelta a España en 1987 opacó al Tour de L´Avenir del 84 que tantas alegrías  nos dio. Éste a su vez opacó a las carreras nacionales. Los cuartos lugares de Santiago Botero y Álvaro Mejía en el Tour no lograron inquietar el tercer lugar de Fabio Parra de 1988. Ya nadie valorará ser segundo en un Tour y difícilmente se valoraría volver a ganarlo. Los medios privados de comunicación (especialmente la televisión) no le apostarán un peso a carreras en donde no se garantice la victoria; ser segundo poco y nada importará.

¿Entonces tendríamos que reconocer, tristemente,  que después de ganar el Tour de Francia no habrá nada más?

Ojalá no sea asíy que el aficionado y los medios de comunicación logren trascender mucho más allá de los fríos resultados, porque EL DEPORTE COMO CONSTRUCTOR DE SOCIEDAD, debe apartarse sustancialmente del llamado podio o del uno, dos, tres. Pero aún nos falta mucho camino por recorrer, muchísimo por aprender y, "el problema", como están las cosas, es que Nairo Quintana no está muy lejos de ganar el Tour.