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Ya nada será igual... PDF Imprimir E-mail
Escrito por Hernán Payome Villoria   




Ya nada será igual…

 

Por: Hernán Payome Villoria

 

Después de un embarazo de más de nueve meses y un parto que se tornaba distócico, el caso Froome finalmente terminó en una abrupta e inesperada cesárea que deja al descubierto la más monstruosa de las figuras que puedan nacer, y que bastante daño le hará al deporte mundial: la Incredulidad.

El corredor británico cuenta con miles de seguidores y quizás con igual cantidad de contradictores. Esto, independientemente de si es culpable o no, porque una sanción a favor o en contra, es solamente eso, una sanción; no es el esclarecimiento real del problema ni un encuentro de frente con la verdad. Tenemos que partir de este punto: ¡La verdad jamás se conocerá!

Pero, curiosamente, y a pesar de lo candente que pueda estar el asunto con el corredor del equipo SKY, el problema con el nacido en Kenia no es lo más preocupante. Finalmente él correrá ésta y otras competencias más, con el escepticismo o aprobación de propios y extraños pero, con 33 años sobre su espalda, probablemente no serán muchos más los que le queden en el escenario mundial del ciclismo élite. Froome se marchará y muchos lo olvidarán, otros no podrán hacerlo, pero finalmente hará parte de ese cajón del olvido a donde van a parar los buenos, los malos, los culpables y los inocentes. El paso del tiempo no se perdona ni así mismo, así que el hoy polémico Christopher Froome, tarde o temprano, terminará haciendo parte de ese pasado que a todos, absolutamente a todos, nos espera.

Lo que no queda nada claro, y probablemente cada vez se torne más turbio, es el sistema de control, juzgamiento y sanción que tiene la Unión Ciclística Internacional en el manejo de los presuntos o evidentes casos de dopaje. Es ahí donde radica lo más grueso del asunto. La afición por el ciclismo continuará, no cabe duda, pero el escepticismo y la incredulidad aumentarán exponencialmente tanto con los corredores que se destaquen en forma “anormal” o “sospechosa” (según el rasero implacable de los espectadores), como con los organismos de dirección y control, y los organizadores de carreras. La UCI ha quedado expuesta en el ojo del huracán y muchos le perderán el respeto después de ver cómo se manejó un caso de dopaje por Salbutamol que en términos razonables tuvo que haber sido resuelto en menos de dos meses. De igual forma queda sembrada la duda de si la ASO (Amaury Sport Organisation), organizadora del Tour, tenía conocimiento previo de la absolución del corredor británico por parte de la UCI y fingió un veto, pretendiendo con esta maniobra sacar pecho ante los aficionados franceses y queriendo quedar como ente impoluto ante la opinión internacional. Esa verdad tampoco se conocerá, al menos en este siglo.

El próximo 7 de julio comenzará en Noirmoutier-en-Ile la versión 105 del Tour de Francia, con la participación del Campeón de los últimos Giro y Vuelta, con el beneplácito de los corredores, con la mirada de soslayo de otros más, y con una dividida afición que por ningún motivo se perdería el privilegio de disfrutar la carrera por etapas más importante del mundo. Unos dirán que aquí no ha pasado nada y que la fiesta continúa; otros, por conveniente prudencia, ni siquiera hablarán.

El Tour se correrá, y se correrán mil más, pero ya nada será igual.