Usted está en:
Portada Especiales De interés Froome...¿Blanco o negro?

      

Froome...¿Blanco o negro? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Hernán Payome Villoria   





Froome... ¿Blanco o negro?


Por Hernán Payome Villoria


Han pasado más de cuatro meses desde que finalizó la Vuelta a España y no hay un veredicto en el caso del positivo de Christopher Froome por el broncodilatador Salbutamol.


Y conforme pasan los días va creciendo el escepticismo de los aficionados en cuanto a si habrá o no verdadera justicia. Lo cierto es que, suceda lo que suceda, jamás se conocerá la verdad. Eso sólo quedará en la conciencia del corredor y de quienes le rodean.

Si se tratara de un ciclista de menos perfil tal vez no hubiera trascendido la noticia. En Colombia, recientemente hubo un caso de siete positivos por EPO en el máximo evento deportivo nacional y todo va quedando en el olvido. Pero en el caso Froome no, porque éste está bajo la lente universal del deporte. Sin embargo, el Salbutamol respecto al EPO no admite comparación.

Es difícil pensar que un corredor y un equipo como lo son Froome y el SKY pretendan ganar una gran Vuelta con Salbutamol, más si se tiene en cuenta que el británico es objeto de análisis a cada momento. Eso no lo convierte en inocente, pero sí da un poco de proporción al asunto.

Las raíces del problema, más que en Froome y el SKY, habría que intentar encontrarlas en la UCI, máximo organismo rector encargado de establecer las reglas de juego. Por ello, se entiende que para que las cosas funcionen bien desde el principio, debe contarse con un reglamento que no dé lugar a dudas y que además, se aplique al 100% sea el caso que sea, obviamente después del respectivo análisis de todas las pruebas. Mientras las cosas no sean claras en el reglamento o éste se preste para interpretaciones amañadas o acomodadas según los intereses de cada quien, seguirán presentándose este tipo de situaciones. Hoy es el caso Froome, mañana puede ser el caso Bardet, Dumoulin o… el de un corredor colombiano. Nadie está exento de vivir estas lamentables situaciones.

En el momento de conocerse la noticia salieron a flote mil teorías, unas más encajadas que otras, unas más centradas que otras, porque ante un caso así todo el mundo tiene derecho a pensar y a emitir su punto de vista, obviamente sin apasionamientos ni actitudes tendenciosas. Y de lo primero que se habló fue de la posibilidad de una deshidratación, entendiendo que la proporción del soluto, en este caso Salbutamol, y el solvente (mililitros de orina) era superior a la permitida. Esta teoría ya fue descartada por la ciencia especializada. Entonces se habló de recrear las condiciones de clima y esfuerzo que vivió el ciclista en la etapa número 18 de la Vuelta a España 2017, pero fue imposible lograr objetividad. Hoy, el diario L´Équipe afirma que la defensa de Christopher Froome argumentará algún grado de disfunciones hepática y renal que condujeron a la retención de Salbutamol y por ende a registrar un resultado positivo en muestra y contra muestra.

En concepto personal, siempre será muy difícil establecer esa “línea imaginaria” entre 1.000 y 1.001 nanogramos de la sustancia que sea. O es blanco o es negro. O se autoriza el uso del Salbutamol (y de otras sustancias que están haciendo fila con el mismo problema) o se prohíbe radicalmente.

Con seguridad que al prohibirse el uso de broncodilatadores ya no habrá un número tan abultado de asmáticos en el deporte de alto nivel. Suena irónico pero así es, por aquello de que hecha la regla hecha la trampa. Repito, si el corredor en este trance hubiese sido de bajo perfil o de un equipo modesto, quizás un Pro Continental, el caso ya habría sido resuelto para bien o para mal. Pero como se trata de nadie menos que del Campeón del Tour el asunto se enreda, se complica, se alarga, siguen los bostezos, el escepticismo y demás. Quizás es culpable, quizás es inocente, vaya uno a saber, lo cierto es que la UCI está dilatando demasiado la resolución de ese problema que desde el inicio tenía ribetes de gravedad.

Queda claro que la responsabilidad de demostrar o negar dopaje es de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) la cual ya dijo que lo hubo. El segundo paso lo debe dar la Unión Ciclística Internacional (UCI) que es la encargada de sancionar. Pero no lo tiene nada fácil, porque realmente está contra las cuerdas. Mucho se habló de que el principal argumento del nuevo Presidente de la UCI, el francés David Lappartient, en la tarea de reemplazar a su antecesor, el inglés Brian Cookson fue, supuestamente, por este último favorecer a los ingleses con sus decisiones. Basta recordar la final del Keirin de los Olímpicos de Río 2016. Así las cosas, a la UCI le queda muy mal NO sancionar a Christopher Froome porque se reviviría el espíritu Cookson, pero de hacerlo, el mundo se le vendría encima porque el Team SKY, uno de los más poderosos del mundo podría poner en jaque al organismo rector con la amenaza de retirar su patrocinio al mundo del ciclismo. Entonces la UCI, posiblemente, opte por una sabia decisión salomónica al sancionar al británico, pero sin afectar en mayor grado los intereses del corredor ni  los de su equipo. Esto no sería otra cosa que una sanción cercana a los ocho o nueve meses, con rectroactividad, que estaría terminando en mayo o junio pero que permitiría al Tour de Francia contar con la presencia de Christopher Froome en calidad de campeón vigente en defensa del título. Sin embargo, no se descarta que Froome, de  ser sancionado, remita su caso al Tribunal Arbitral Du Sport (TAS) como una instancia más para limpiar su nombre.

Por ahora lo único que como simples aficionados podemos esperar (sin hablar de si es justa o no la posible sanción), es que en el próximo Tour de Francia pueda existir nuevamente el enfrentamiento entre Nairo Quintana y Christopher Froome. Si Nairo ganase el Tour siendo ausente el británico, con seguridad muchos lo lamentarían.