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Cómo entrenar en Colombia y No Morir en el Intento PDF Imprimir E-mail
Escrito por Hernán Payome Villoria   




Cómo entrenar en Colombia y no morir en el intento


Por Hernán Payome Villoria


Con alguna analogía musical, podemos afirmar que Ser ciclista cuesta caro, no es el montar una cicla y dar pedal sin descanso.

Muchos de nuestros jóvenes, atraídos por la ilusión de ser grandes figuras del ciclismo o simplemente conscientes de que una vida sana y activa les reportará grandes beneficios, se lanzan a las calles montados en una bicicleta, muchas veces sin tener ni idea del peligro o los riesgos que esto conlleva.

Y muchos lo han logrado, es verdad! Muchos han saboreado las mieles del triunfo y otros más han llevado una vida llena de gratos momentos y de una salud envidiable. Otros, para nuestro pesar, literalmente han muerto en el intento o simplemente han quedado minusválidos, postrados en una cama, al cuidado de sus familiares.

Aunque estas lamentables circunstancias pueden darse en cualquier rincón del mundo…en Alemania, Suiza, Holanda, Francia, EE.UU o en España, es más probable que se presenten en países subdesarrollados y caóticos como el nuestro: Colombia!

Si la recompensa ante el esfuerzo y el sacrificio de un deporte como lo es el ciclismo fuese verdaderamente justa, a no dudarlo los nuestros serían los ciclistas mejor pagos del mundo. No porque sean los más veloces ni los que mejor descienden; tampoco son los que más embalan ni los que más suben. Eso es secundario. Simplemente son los que más arriesgan. Los que más arriesgan LA VIDA!




Para comenzar con esta triste descripción, vale la pena resaltar que en los países europeos las autoridades de tránsito tienen como norma sancionar a aquellos conductores que adelantan a un ciclista a menos de metro y medio de distancia. Acá esa condición jamás se ha dado ni se dará. Diariamente, a lo largo y ancho del territorio nacional, son atropellados ciclistas, sean éstos competitivos, aficionados, recreativos o empleados que se desplazan a sus sitios de trabajo en las grandes urbes o en las zonas rurales. La implantación de las ciclo rutas en algunas ciudades del país logró un efecto positivo en la reducción del índice de mortalidad, pero no aquel que se esperaba. Entre otras cosas, porque el objeto de las ciclo rutas jamás ha sido respetado por los ciudadanos. No sobra decir que en ellas es fácil encontrar motociclistas, vendedores ambulantes, automóviles o vehículos pesados en reparación mecánica, transeúntes despistados, indigentes, locos, vendedores de minutos y, ocasionalmente, ciclistas.

Lo habíamos dicho en edición pasada: lo primero que hace una madre cuando su hijo sale a entrenar es echarse la bendición, incluso si es atea. Sabemos que es así.

Si usted ha corrido el Tour de Francia o un Giro de Italia, quizás pueda pasar a la siguiente página. Pero si usted es un ciclista aficionado, recreativo, probablemente debe quedarse unos renglones más.

Podrían escribirse tratados extensos sobre cómo sobrevivir a la práctica de un deporte como el ciclismo y jamás se lograría garantizar la seguridad de quien va montado sobre una bicicleta.





Por eso tal vez sea prudente emitir algunos consejos prácticos:


En vías principales jamás transite por el carril de alta velocidad; conserve siempre la derecha. Y si tiene disponible una ciclo ruta, comprenda que es mejor estrellarse contra un loco que ser atropellado por una volqueta.

Cuando se detenga en un semáforo, jamás lo haga entre dos vehículos gigantes (flotas, camiones, tracto mulas, etc.) y mucho menos haciendo equilibrio. Si usted cae o grita, tenga la seguridad que no lo verán ni lo escucharán, entre otras cosas, porque nadie imaginará que usted estaba por allí. Conserve siempre la derecha.

Al llegar a un cruce a la derecha simultáneamente con un vehículo pesado, tenga presente que muchos de ellos no cuentan con el espejo de punto muerto el cual les permitiría verlo a usted. Sin este espejo adaptado al camión o bus probablemente usted sea atropellado cuando el vehículo haga el giro de 90 grados. Es mejor que tenga un poco de paciencia y espere a que no exista ningún peligro para continuar la marcha.

En calles urbanas y mucho más en carreteras intermunicipales evite ir detrás de cualquier vehículo a menos de treinta metros de distancia. Creer que está en los 4.000 metros persecución por equipos es lo más absurdo que pueda hacer. En cualquier momento el vehículo que va adelante de usted frena en seco o simplemente disminuye abruptamente la velocidad y usted quedará estampillado en la parte posterior del mismo. También puede caer en un hueco que el camión le impidió ver.

Si ve a una o más personas en actitud de querer tomar transporte, no olvide que la guerra del centavo hará que el conductor del bus o de la buseta vayan en busca de sus potenciales pasajeros, haciendo un cruce de 90 grados sin darse por enterados que usted estaba cerca. Jamás olvide: “pasajero a cincuenta metros, cerrada segura”.

Cuando vaya entrenando en grupo, procure ir en fila india, disminuyendo al máximo el ancho del lote; máximo dos ciclistas. Adoptar actitudes de competencia cuando hay vehículos a diestra y siniestra es simplemente suicida. La más leve de las caídas en grupo puede ocasionar una verdadera tragedia al ser arrollados por el tráfico automotor que se desplaza en uno u otro sentido. Recuerde que las carreteras pueden usarse para entrenar, pero jamás para correr. Excepción hecha, claro está, de las competencias que cuentan con todas las garantías necesarias para evitar esta clase de accidentes. Y eso no es otra cosa que un cierre absoluto de vías.

Si ve enfrente suyo un hueco procure saltarlo (si considera que tiene la destreza suficiente) o, caso contrario, pase por el lado derecho. Si usted lo hace por el izquierdo puede ser atropellado por un vehículo. Independientemente de la forma que elija para evitar el hueco, procure avisar a sus compañeros de la existencia de éste porque si no lo hace, escuchará un estruendoso ruido a su espalda.

El estado mecánico de su bicicleta define si usted regresa o no a su casa. Bicicletas con fallas en los frenos o con piezas sueltas pueden amargarle el día…o la vida. Las bicicletas, no importa la gama, deben permanecer ciento por ciento en perfecto estado.

Si usted es adicto al celular, no olvide hacer uso del “manos libres”. Si no lo tiene y recibe una llamada, no conteste, alguien lo puede estar llamando desde el más allá.

Procure no escuchar radio cuando entrena. Aunque es entendible que a veces la rutina de un entrenamiento prolongado puede motivarnos a escuchar música, no resulta prudente hacer uso de audífonos pues estos pueden hacernos alejar de la realidad y ser sorprendidos abruptamente por la corneta estridente de un camión o un bus intermunicipal. Además, con seguridad, el sonido no será el mejor y tampoco, por más que se esfuerce, logrará encontrar una emisora decente.

Use el uniforme adecuado; esto no quiere decir que deba comprar las mejores marcas, no! Pero sí debe usar ropa apropiada para la práctica del ciclismo. Muchos son los casos, por ejemplo, en los que la bota de un pantalón o de una sudadera se enreda entre los platos y ocasiona verdaderos accidentes.

Si cree haber pinchado o cogido con las ruedas un vidrio o una tachuela, jamás intente retirarlos del tubular usando su mano y mucho menos si no tiene puestos los guantes. Es preferible perder un neumático que causarse una herida.

Siempre use gafas. Pero no olvide que las gafas se hicieron para proteger sus ojos, no para sostener el pelo o para adornar el casco. Se trata de ser ciclista; no de ser modelo.

Cuando vaya en terreno de descenso recuerde que no es mucho el tiempo que ahorrará si excede la velocidad, pero sí es mucho lo que puede perder si, por momentos, impulsado por la emoción y la adrenalina del entrenamiento, usted cree ser un Santiago Botero o un Paolo Savoldelli. Pero mientras usted sea un Eurípides Vanegas o un Octavio Rubiano, tómelo con calma: su familia lo espera!

Jamás rete a sus amigos de oficina a subir un domingo al premio de montaña más cercano a su ciudad si no tiene la preparación física adecuada. Muchos de estos retos han terminado en la UCI, pero no en la Unión Ciclística Internacional, sino en la Unidad de Cuidados Intensivos. ¿La razón? Infarto del miocardio.

Por la misma razón debe comprender que si su intención al montar en bicicleta es reducir de peso, no lo logrará en un solo domingo, regresando a su casa insolado, deshidratado, con calambres y al borde de un ataque cardíaco. Mucho menos lo logrará poniendo su corazón al ritmo del corazón de un caballo de carreras. Para una efectiva reducción de peso (entiéndase volumen corporal) el primer paso que debe darse es adoptar un ejercicio aeróbico, con calma, respirando bien y, preferiblemente, cada vez más prolongado. Pero si usted sale de su casa a mil, con el 53-13 puesto y su corazón a doscientas pulsaciones por minuto, con seguridad sólo encontrará problemas en su camino. Un consejo sencillo: rote bastante, vaya tranquilo y no olvide respirar. Disfrute la salida. Pero, si lo que quiere es amargarse la vida, pare en la tienda de la esquina, compre un periódico y lea las noticias.

Jamás estrene pedales tipo look en medio del tráfico urbano. Recuerde que puede olvidar que los lleva puestos y no tener la suficiente destreza de zafar su pie del pedal y caer al piso cerca o debajo de un vehículo. Adquiera la suficiente experiencia en lugares despoblados hasta que lo haga de forma autómata.

Por difícil que esté la situación económica en el mundo, jamás salga sin llevar dinero. En cualquier momento puede necesitarlo, incluso para comprar una bolsa de agua, hacer una llamada, etc.

La inseguridad lo acecha. Desde el mismo momento en que usted sale de su casa, tiene por doquier una no despreciable cantidad de delincuentes interesados en su bicicleta, sin importar si ésta cuesta treinta y cinco millones o treinta y cinco mil pesos. Están interesados en ella; eso es todo! En este instante usted sólo tendrá dos caminos: o expone su vida tratando de oponerse al atraco, o deja que se lleven su bicicleta, permaneciendo vivo para poder contarlo.

Aunque usted crea ser un Alberto Contador o un Frank Schleck, siempre debe llevar comida y líquido aunque el entrenamiento nos parezca muy corto. Muchos de los accidentes tienen su origen en la descoordinación que se produce en el deportista ante estados de deshidratación o hipoglucemia. Cuando un ciclista está con “la pálida”, fácilmente es protagonista de un accidente sin darse cuenta.

No incurra en prácticas riesgosas e innecesarias cuando entrena en bicicleta. No persiga camiones ni tracto mulas “a rueda”. No sirve de nada. Arriesga su vida y la de los demás y muere engañado, porque el vehículo estará cortando la resistencia del aire y usted avanzará a ochenta kilómetros por hora ayudado por la inercia, pero no por su esfuerzo.

Tampoco suelte el manubrio para payasear o abrazar a sus compañeros de odisea. Un bache en el camino puede hacerle perder el equilibrio y terminar en el piso.

♦ De igual manera, aunque todos quisiéramos ser un José Rujano, y ponernos la chaqueta impermeable cuando comenzamos a descender de La Línea o el alto de Minas, debemos aceptar que lo que está a nuestro lado no es un transmóvil de radio sino una tracto mula cargada de cemento. Así que tomemos las precauciones del caso, orillémonos con calma, detengamos la marcha y pongámonos la chaqueta.

Recuerde que el casco se hizo para proteger su vida, no para embellecer su imagen. Úselo siempre, incluso en terreno de ascenso. Subiendo también se producen caídas.

♦ A veces la diferencia entre usar y no usar casco se nota cuando usted mismo se levanta del piso o cuando tiene que ser levantado por los demás.

Bogotá y muchas ciudades del país en constante reparación, tienen a diestra y siniestra mallas verdes o polisombras que parecen activarse al paso de cualquier ciclista. Siempre tenga la precaución de no enredar su manubrio con algún fragmento de las famosas polisombras; la caída sería inevitable.

Cuando vaya en grupo y esté siendo adelantado por un vehículo pesado que marcha casi a la misma velocidad que usted(es), mantenga la calma y no haga cambios bruscos de velocidad. La más mínima frenada hará que su compañero de atrás le toque la rueda trasera y todos vayan al piso. Recuerde, la prudencia es la mejor amiga del ciclista, y el pánico el peor enemigo.

Jamás olvide que hay cosas más importantes que la bicicleta, las zapatillas y las gafas. Esas cosas son: un debido entrenamiento, una adecuada alimentación, una periódica consulta médica y una clara y contundente razón por la que usted ha elegido montarse sobre una bicicleta en un país de locos como el que habitamos.