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Daniele Colli, sexta etapa del Giro de Italia 2015




Aficionados en su sitio

Por: Hernán Payome Villoria


En el ascenso a Col de Peyresourde, en cumplimiento de la octava etapa del Tour de Francia, el ciclista británico Christopher Froome golpeó con su mano izquierda a un aficionado que le obstruía parcialmente el paso mientras alentaba a Nairo Quintana. La reacción del corredor del SKY fue entendida por unos y rechazada por otros. Incluso hubo unos más que pidieron o insinuaron que el deportista debería ser sancionado por esta actitud a la que se le consideró antideportiva.

En cuanto al hincha golpeado, imprudente como miles más, sólo puede decirse que la peluca amarilla y la bandera tricolor que portaba no lo hacen colombiano, así como generar una situación potencialmente riesgosa no lo convierte en aficionado.

Las carreras de ciclismo en carretera, sobre todo aquellas que generan presencia masiva de público (no sería el caso de Colombia), están en mora de establecer una reglamentación para que en asocio con los organizadores y las autoridades locales, se establezcan normas de obligatorio cumplimiento so pena de ser objeto de sanción por parte de éstas. No son pocos los casos fílmicamente registrados en los que la emoción de los aficionados pasa en segundos de ser inofensiva a peligrosa. En 2003, cuando se ascendía a Luz Ardiden en los pirineos franceses, un aficionado enredó con lo que al parecer era una gorra, el manubrio de la bicicleta de Lance Armstrong quien perdió el equilibrio, cayó al suelo y generó la caída de Iban Mayo y, por poco, la de Jan Ullrich. En 2015, cuando terminaba la sexta etapa del Giro de Italia, un aficionado tras las vallas extendió el tubo metálico de su cámara fotográfica pues quería tomarse un selfie para el recuerdo. El único recuerdo que le quedó fue haber provocado la caída del italiano Daniele Colli del equipo Vini Fantini quien terminó en el hospital con su brazo izquierdo fracturado, además de luxado. Esta caída afectó a más corredores, entre ellos Alberto Contador, líder de la carrera.

Y seguramente habrá muchos casos más, unos registrados, otros no, pero siempre obedeciendo a una única causa: la imprudencia del aficionado. A este tipo de comportamientos debe aplicárseles una cura definitiva antes de que lo que se lamente no sea la fractura de un brazo sino la pérdida de una vida humana. Por la misma razón, aunque no celebramos la reacción del corredor del SKY, sí la entendemos. El ciclista, sea quien sea, va ejerciendo su máximo esfuerzo, con la adrenalina a mil, sin ganas ni alientos de hablar como para poder decir: “permiso señor de la peluca, sería tan amable de permitir mi paso porque puede hacerme caer…”. Y mucho menos tendría tiempo, ni fuerzas, ni siquiera un computador como para escribir: “Col de Peyresourde, 9 de julio de 2016. Apreciado y nunca valorado aficionado. Con motivo de la disputa del penúltimo puerto del día, le rogamos, en nombre mío, de mis compañeros de equipo y de toda la caravana ciclística, no obstruir el paso pues podría generar un accidente…”. ¡No! es obvio que no; ese tipo de situaciones se resuelven de una sola manera: “se quita o lo quito”. Y si esta vez son los colombianos quienes censuran a Froome por su respuesta, mañana serán los ingleses los que censuren a Nairo por una respuesta posiblemente similar ante el inminente riesgo de perder su sueño amarillo. Claro que en ese caso sí estaremos diciendo: “Bien hecho carajo, así se hace”. “Le demostramos a esos hooligans que nosotros somos unos machos y nos hacemos respetar”.

¿Acaso no hubiera sido ésta la opinión de los aficionados colombianos y algunos medios de comunicación? ¡Claro que sí; milimétricamente calcada!

Entonces, a veces hay que ponerse en la situación del otro, para que podamos esperar que otro día los demás se pongan en la nuestra.