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Escrito por Hernán Payome Villoria   



Vuelta a Colombia





Entre la espada y la pared


(Escrito 31 enero 2014)



Por: Hernán Payome Villoria

Como aficionados al deporte más representativo de nuestro país, no podemos bajo ninguna circunstancia ocultar la preocupación de ver cómo la Vuelta a Colombia no es el mismo evento que fue antes, pese a todo un historial lleno de triunfos, hazañas y personajes. Una de las principales causas es que, si bien el entusiasmo y la calidad de los ciclistas siguen siendo los mismos, el espectáculo como tal se ha ensombrecido ante la presencia de competencias con historia centenaria que desde hace cerca de treinta años comenzaron a invadir las pantallas de televisión de los hogares colombianos. En un abrir y cerrar de ojos, la ”Gran Aventura” o incursión en masa del ciclismo colombiano en territorio europeo y la paralela difusión de las carreras del viejo continente, hicieron que las competencias nuestras, no sólo La Vuelta, fuesen quedando relegadas a un segundo plano sin que se hiciese mayor esfuerzo por evitarlo.


Escuchar por frecuencia de A.M. la Vuelta a Colombia resulta poco estimulante si enfrente nuestro podemos tener una pantalla plana mostrándonos en detalle el desarrollo del Tour de Francia, del Giro de Italia, de una París Roubaix o una Milano San Remo.  Esa, en principio, sería tan sólo una en la larga lista de desventajas con la que cuenta el ciclismo de nuestro país ante el aficionado común y corriente. La pobre y escasa difusión del ciclismo en Colombia es el mayor talón de Aquiles, aunque no el único.

Otro factor de peso que algunos aficionados desconocen es que la Unión Ciclística Internacional, máximo ente rector de este deporte, tuvo contra las cuerdas a la Vuelta a Colombia hace cerca de cuatro años, amenazándola con excluirla del calendario UCI América, y recordándole a nuestros directivos que había que mejorar en aspectos como la participación internacional (mínimo cinco equipos), premiación, recorridos (disminuir la cuota montañosa), reducir el número de etapas y brindar plenas garantías en el control antidopaje. Mientras estas condiciones no se cumplan, La Vuelta seguirá categorizada como 2.2, entendiendo el primer dígito como la asignación a carreras de más de un día de duración y, el segundo, a su nivel  dentro de ésta. En otras palabras, la UCI expuso claramente los escalones que habría que ascenderse para descartar la posibilidad de borrar su nombre hasta nueva orden.

No obstante, este propósito no resulta claro, ni práctico, ni fácil de realizar, por varios motivos: uno de ellos, si no el más importante, es que pocos aceptarían la idea de aplanar una Vuelta que tradicionalmente, desde sus inicios hace 65 años, ha sido predominantemente montañosa. Ni los patrocinadores, ni los equipos, ni la afición, ni los mismos ciclistas irían en contra de la idiosincrasia del ciclismo colombiano, identificado durante décadas por ser sólo para escarabajos, capaces de dominar las agrestes y empinadas montañas. Al ser montañosa como tradicionalmente ha sido, deberíamos dejar de lado la posibilidad de imaginarnos a un Mark Cavendish o a un Marcel Kittel ascendiendo el Páramo de Letras desde Fresno hacia Manizales. Hace algunos años lo intentó el español  Álvaro Pino y no le quedó gustando.

Y si hablamos de control antidopaje, la UCI asigna a la Vuelta a Colombia desde hace cuatro años un inspector antidopaje para brindar las garantías que todos buscan, más en un momento donde el fantasma del dopaje aparece en todas las escenas deportivas. Sin embargo, el escepticismo ya echó raíces en las neuronas de propios y extraños, y difícil será poder jurar de rodillas que el ciclismo colombiano se libra de este flagelo, más aun tratándose de carreras de menor perfil en donde el control no es precisamente el más exhaustivo.

La suma de todos estos factores ha hecho que el ciclismo colombiano no haya podido lograr la internacionalización que todos anhelamos. Por eso hoy, sólo la Vuelta a Colombia logra agarrarse con las uñas a la clasificación UCI América, mientras el calendario nacional está pletórico de carreras sin que ninguna otra logre acceder a la categoría UCI, marcando así diametral diferencia respecto de países como Venezuela (4), Canadá (5), Brasil (5), EE.UU. (7), etc. Y, como lo dijimos en anterior comentario, los ciclistas de Colombia se internacionalizan día a día, pero el ciclismo colombiano, en cuanto a competencias, organización, comercialización, difusión y categorización, se quedó haciendo rodillos, lo cual produce mucho desgaste, pero no se avanza.

Incluso, contando con las condiciones exigidas para acceder a un mejor escalafón UCI, la medida podría interpretarse como arma de doble filo ya que si la Vuelta a Colombia dejara de ser 2.2 para convertirse en 2.1., así como muchos lo soñamos, esto impediría competir a aquellos equipos que para 2015 no aparecen en el listado de continentales; en otras palabras, sólo podrían correr el Team Colombia, continental profesional, Movistar, Epm Une y Orgullo Antioqueño. Las puertas se cerrarían para GW, Súper Giros, Formesan, Manzana Postobón, Coldeportes Claro, Los Pijaos, Aguardiente Néctar, Ebsa, etc. Caso contrario, de mantenerse la categoría 2.2., entonces serían los equipos UCI Pro Team los que no podrían participar. En otras palabras, La Vuelta sigue quedando entre la espada y la pared.

Sin embargo no todo está perdido. Aun siendo de categoría 2.2., se lograría mayor internacionalización si, por ejemplo, se reubicara la fecha de su realización sin cruzarla en el calendario con eventos americanos para, de esta forma, permitir y estimular la participación de equipos norteamericanos lo cual, como es obvio, es mucho más práctico y económico que traer equipos desde el viejo continente. Y soñar con que nuestros corredores World Tour correrán algún día La Vuelta, es justamente eso, soñar.

El Santos Tour Down Under en Australia, una competencia con menos de quince años de tradición ciclística, goza con el privilegio de pertenecer al UCI World Tour desde 2008 y de contar con la participación de los mejores corredores del mundo, haciendo del evento no solamente una prueba de ciclismo sino todo un festival que promueve la industria del turismo.

El Tour de Qatar, con doce años de edad, hace parte del Asia UCI Tour, y hoy se encuentra clasificado como carrera 2HC.

El USA Pro Challenge, conocido más como Tour de Colorado, con sólo cinco años de existencia, comenzó siendo una carrera de categoría 2.1 puntuable para el UCI América Tour, y fue tal su éxito en su primera edición que para 2012 ya había escalado a la máxima categoría del ciclismo mundial, es decir, la 2HC.

Ejemplos habrá muchos más con los cuales pueda comprobarse que para llegar y ascender en el programa UCI World Tour no se requiere tener 65 años de experiencia, sino un trabajo integral de los equipos de ciclismo, las empresas estatal y privada y, obviamente, de los dirigentes deportivos. Estar dando pasos hacia atrás es una actitud poco entendible, más aun en un momento en el que la propia Unión Ciclística Internacional es la más interesada en la globalización del ciclismo.

Pero viendo las cosas como están, la única opción que se vislumbra en medio de tan oscuro panorama, es comenzar a comprender y a aceptar que el salvavidas que permitirá una auténtica internacionalización del ciclismo colombiano es que la Vuelta a Colombia deje de ser el máximo evento deportivo de nuestro país, y surjan nuevas competencias que permitan y motiven la participación de las grandes estrellas del firmamento ciclístico. Una de ellas, de categoría 2.1,  de 6 ó 7 días de duración, suave, con poca montaña, y sin superar los 1.500 msnm  y,  la otra, de categoría 1.1 (es decir, de un día y de primer nivel). Las dos, con un día de intervalo, e inmediatamente antes o después del Tour de San Luis, aprovechando así la presencia de grandes corredores en el continente americano.

De esta forma, la Vuelta a Colombia podría continuar como se le conoce desde 1951: extensos recorridos, dura montaña, largas neutralizaciones, el mismo medio de comunicación de siempre, la misma suspicacia y escepticismo,  y llegadas con gran afluencia de público… de un público que no logró evitar el monumental trancón que se armó, pero gracias al cual pudo enterarse de que la Vuelta a Colombia en bicicleta había arribado a su ciudad.

¿O será que para algunos genios resulta más rentable y cómodo seguir siendo cabeza de ratón?