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Tour de Francia, 4 al 26 de julio de 2015



Ni muy cerca que queme al santo, ni muy lejos que no lo alumbre.



 Por Hern√°n Payome Villoria

La edici√≥n 102 del Tour de Francia que tendr√° inicio el pr√≥ximo s√°bado cuatro de julio promete ser la m√°s emocionante de los √ļltimos a√Īos, no solamente porque haya cuatro o m√°s favoritos, sino porque estos tienen algo que les ha faltado a muchos que, incluso, lo han ganado.

Pero a la vez que hay individualidades muy combativas, tambi√©n existe cierta paridad entre los equipos de quienes aspiran al t√≠tulo. Ya no son aquellas √©pocas en las que el US Postal arrinconaba a sus rivales, casi los intimidaba, produci√©ndose un desfile a manera de marcha india  de ocho gregarios, que en los m√≠ticos ascensos ca√≠an  uno a uno como hojas en oto√Īo hasta dejar inc√≥lume, intocable e inaccesible a quien apretar√≠a el ritmo en los √ļltimos dos kil√≥metros para sentenciar la carrera.

Con dopaje o sin √©l, la √©poca de Lance Armstrong fue mon√≥tona, predecible y de s√≥lo fantas√≠as en la que el protagonista fue uno solo, aunque acompa√Īado en la foto por sus lugartenientes. Los dem√°s ciclistas simplemente eran invitados de protocolo para poder completar la lista de 198 corredores.

El ciclismo actual, un poco m√°s limpio quiz√°s (ojal√° as√≠ sea) deja el consuelo de contar con m√°s de un favorito antes de bajar la bandera. Y todos con similares posibilidades. Tres de ellos ya ganadores del Tour: Contador, Froome y Nibali. El √ļnico que no ha subido al primer lugar del podio es el colombiano Nairo Quintana, segundo en 2013, y aspirante como el que m√°s a cumplir el sue√Īo amarillo.

Resulta demasiado patri√≥tico e irresponsable asegurar que Nairo ya gan√≥ el Tour y que s√≥lo deber√° pedalear veinti√ļn d√≠as para reclamar el t√≠tulo en Par√≠s. Eso quisiera la afici√≥n latinoamericana y, obviamente, en un ciento por ciento, la colombiana. Pero es prudente recordar que pese a las excelsas condiciones f√≠sico-t√©cnicas del corredor del Movistar, sus rivales tambi√©n las tienen, y tambi√©n entrenan, y tambi√©n tienen el sue√Īo amarillo y‚Ķtambi√©n, una afici√≥n que los respalda, anima y conf√≠a en ellos. Pero todo debe ser en justa medida. Colombia, por cultura, siempre ha sido un pa√≠s muy tropical, de efervescentes celebraciones que en ocasiones causan muertos, o de deprimentes y tristes manifestaciones de dolor y frustraci√≥n, que casi siempre tambi√©n los causan; afortunadamente en el ciclismo menos que en el f√ļtbol.

Pero no logra entenderse en d√≥nde qued√≥ todo ese patriotismo de los seguidores de Rigoberto Ur√°n que ya lo daban como campe√≥n del Giro de Italia sin que este hubiese dado el primer pedalazo. Hasta ah√≠ no habr√≠a mayor problema. El problema surge cuando esa afici√≥n fan√°tica y en ocasiones  descontrolada no asimila la derrota, entra en un estado de frustraci√≥n y des√°nimo, hay l√°grimas, decepci√≥n, y se apagan radios y televisores para no volver a saber de aquel que hasta ayer nos mov√≠a los corazones. Pero no son s√≥lo ellos los que dan la espalda. Los grandes medios de comunicaci√≥n son los primeros en lanzarse del barco cuando sienten que este se est√° hundiendo. Si all√≠ no encontraron oro, lo abandonan en alta mar y salvan su pellejo. Es un ‚Äúapague y v√°monos‚ÄĚ  injustificado y nada entendible, al no saber comprender que nuestros ‚Äúh√©roes‚ÄĚ simplemente son seres humanos que disputan una carrera con otros seres humanos que tambi√©n tienen mam√°, pap√°, y, posiblemente, hijos y hermanos. Tan humanos como aquel que fija sus ojos en la pantalla del televisor en espera de que el deportista de sus afectos le entregue la satisfacci√≥n que √©l como televidente cree merecer. De no ser complacido, aquel que pedalea cansinamente pasar√° en un santiam√©n de h√©roe a villano, y ya no ser√° mi parce, mi bac√°n, mi √≠dolo, nairoman o rigonator, sino un pobre diablo al que le falt√≥ ponerle agallas al asunto.

Aquellos que despotricaron de la selecci√≥n Colombia de f√ļtbol despu√©s de perder ante Venezuela, fueron los mismos que auguraron su derrota ante Brasil y, curiosamente, los mismos que festejaron a rabiar, el triunfo ante los pentacampeones mundiales. Y en el ciclismo no es muy diferente.

Por eso, desde esta tribuna de opini√≥n, consideramos que Nairo Quintana y tres o cuatro corredores m√°s, entre quienes se cuentan Alberto Contador, Christopher Froome, Vincenzo Nibali y Thibaut Pinot, tienen posibilidades de ganar la m√°xima carrera del calendario UCI, y que para lograrlo no bastan las condiciones f√≠sico atl√©ticas ni el deseo de conseguirlo; tambi√©n cuentan factores como la ‚Äúsuerte‚ÄĚ, las ca√≠das, los pinchazos, las ‚Äúencerronas‚ÄĚ, estrategias, etc. Si fuese √ļnicamente el factor f√≠sico el determinante, los corredores podr√≠an subir al podio con base en un orden establecido por un examen de sus condiciones f√≠sicas, avalado por una junta m√©dica de reconocida trayectoria a nivel mundial. Afortunadamente, para el espect√°culo, esto no es as√≠. Y habr√° que pedalear, pedalear y seguir pedaleando hasta el √ļltimo d√≠a, momento en el que podr√° saberse qui√©n acumul√≥ la menor cantidad de minutos. Ese ser√° el Campe√≥n. Pero hay que correr el Tour; jam√°s alguna carrera se gan√≥ o perdi√≥ a trav√©s de las redes sociales, ni con patriotismo desencajado que da la espalda al menor error. El Tour, la Vuelta, el Giro y hasta la competencia del barrio m√°s humilde, hay que correrlos; jam√°s se ganan con hashtag, ni mostrando fotos de aficionados desayunando en pijama pegados al televisor, ni con toda esa bulla que pueda emerger de un falso patriotismo que s√≥lo causa tristeza y frustraci√≥n cuando las cosas no salen como cre√≠amos que deb√≠an salir. Un deportista es un ser humano, y gane o pierda, siempre tendr√° el mismo valor. Ni muy cerca que queme al santo, ni muy lejos que no lo alumbre.