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Las 48 Curvas del Stelvio (Italia) PDF Imprimir E-mail
Escrito por José Payome Villoria   

Relatos de dos periodistas colombianos en las montañas de Europa


Cuando habíamos planeado subir al Passo dello Stelvio, los pronósticos climatológicos anunciaban que ese día nevaría, así que, haciendo caso a un dicho popular, decidimos no dejar para mañana lo que podíamos hacer hoy.



Es hora de partir...


Sobre las 11.45 a.m., en un horario poco tradicional,  emprendimos este viaje de 27.8 kilómetros que nos conduciría a una de las cumbres míticas en el ciclismo italiano.  La temperatura era agradable, quizás unos 15 grados centígrados, no había brisa ni mucho tráfico. Todas las condiciones estaban dadas para llevar a cabo un capítulo más de la aventura.

Los primeros kilómetros son relativamente suaves,  con una inclinación que  sólo llega al 8 %. Podría compararse, en cuanto a paisaje se refiere, al trayecto comprendido entre el Salto del Tequendama  y el punto conocido como El Charquito (Cundinamarca), desde luego, guardando prudentemente las proporciones.  Pero después del kilómetro siete  la cuesta comienza a empinarse y ya se encuentran rampas que fácilmente llegan al  14%.  Es allí cuando debe emplearse el plato 34  con 23 ó 26 en la rueda de atrás. Al lado izquierdo de la vía  empezamos  a ver profundos abismos adornados con pinos que dan un toque majestuoso al paisaje.




Volviendo con la  referencia que hacía de la vía del Salto del Tequendama, podríamos afirmar que lo que sigue es algo como la subida al  “Charquito“ en cuanto a desnivel  de la carretera, pero con la gran diferencia que éste se mantiene durante más de diez kilómetros. Las rampas en ocasiones se hacen tan duras que nos obligan a usar 34-28 para poder pedalear con una cadencia que, en lo posible, no baje de sesenta por minuto. El pulso se ha subido a 165, pero se respira bien, el aire es seco, y la motivación que da el paisaje es nuestro mayor aliciente.  Esporádicamente se  ven  motociclistas con máquinas  de altísimo cilindraje,  Harley Davidson, Honda, Yamaha, entre otras. Pasan por nuestro lado a  velocidades extremas  y se pierden en la distancia.



Sin acompañamiento no hubiese sido una aventura sino una odisea


De igual forma vemos pasar algunos autos de marcas  BMW, Mercedes, Volkswagen, etc.  Y, descendiendo,  ciclistas que ya han coronado la cumbre del Stelvio, y  nos dan ánimo. Los últimos cinco kilómetros  son realmente impactantes, tanto por su dureza como por  su paisaje. Una curva termina en una  breve recta, que más adelante morirá  en otra curva. En total son 48  curvas en herradura las que conforman esta subida, y están  enumeradas en tableros en orden descendente, es decir, comenzamos superando la curva 48 y la cuenta se hace regresiva a medida  que se asciende. Esto puede alentar a quien se encuentra bien pero, igualmente, puede desmoralizar y torturar de manera inclemente a quien va sufriendo en la cuesta. En nuestro caso,  quisimos tomar las cosas por el lado amable, respirar bien, mantener la cadencia, hidratarnos, disfrutar del paisaje y  vivir con intensidad  estos momentos inolvidables.




Al final, la temperatura baja abruptamente, comienza a llover, pero  nuestra preocupación desaparece cuando  también han desaparecido las amenazantes gotas  de agua-nieve. Vemos un aviso que nos indica que hemos coronado la cima del monte Stelvio, a más de 2.700 metros de altura sobre el nivel del mar.


Estando allí, en la cima, puedes divisar si no hay neblina, una auténtica culebrilla de asfalto por donde, “sin darte cuenta” dejaste la mitad de tus fuerzas. La otra mitad la necesitarás para el viaje de regreso en un descenso suicida, tiritando de frío, con curvas en herradura, piso húmedo y llevando entre pecho y espalda la más inmensa de las satisfacciones: haber superado las 48 curvas del legendario Passo dello Stelvio, en el norte de Italia.



El paisaje, nuestro mayor aliciente.