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Por Hern√°n Payome Villoria



¬°Dos mundos diferentes!


Si por algo se caracteriza la historia del ciclismo colombiano es por los cambios que éste ha sufrido, que lo hacen particularmente diferente al de los demás países del mundo.

Cuando se hablaba en los a√Īos cincuentas de Ram√≥n Hoyos Vallejo o de Efra√≠n Forero Trivi√Īo como ganadores de Vuelta a Colombia, tambi√©n se mencionaban sus nombres al hablar de Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Bolivarianos, de Campeonatos Panamericanos y Juegos Ol√≠mpicos.

En los a√Īos sesentas y principio de los setentas, era el nombre de Mart√≠n Emilio ‚ÄúCochise‚ÄĚ Rodr√≠guez el que ocupaba las primeras p√°ginas de los diarios del pa√≠s, como campe√≥n de Vueltas a Colombia, del R√©cord Mundial de la Hora, de los 4.000m persecuci√≥n individual, etc.

Historia similar se escribi√≥ con los nombres de √Ālvaro Pach√≥n, Rafael Antonio Ni√Īo, Jos√© Patrocinio Jim√©nez, Alfonso Fl√≥rez Ortiz, Fabio Parra, Luis Herrera, Pablo Wilches, Oliverio Rinc√≥n, etc. La lista es larga y sustanciosa. Esos mismos nombres que figuraban en las carreras locales eran motivo de orgullo y alegr√≠a cuando se corr√≠a en el exterior. En otras palabras, se manten√≠a permanentemente viva la expectativa porque, o se ganaba aqu√≠ o se triunfaba all√°. Iban y ven√≠an, y se paseaban orondos dentro y fuera de nuestro pa√≠s, reavivando con cada actuaci√≥n la llama que lograba encender constantemente el inter√©s de la afici√≥n colombiana por un deporte que suele llamarse ‚Äúinsignia de nuestro pa√≠s‚ÄĚ.

De un tiempo para ac√°, tras un bache generacional y de triunfos que se prolong√≥ por cerca de veinticinco a√Īos, el ciclismo en Colombia parece haber sido sometido a una impecable intervenci√≥n quir√ļrgica en la que un afilado bistur√≠ parti√≥ en dos no solamente su historia, sino la percepci√≥n y respuesta del p√ļblico aficionado.

Es como si se hablara de dos temas totalmente diferentes. Los ciclistas de Colombia y el ciclismo colombiano. El p√ļblico en general, la afici√≥n cicl√≠stica, va de la mano con lo que sucede en el plano deportivo: atenta y fan√°tica cuando se habla de Tour, Vuelta o Giro, y displicente y ap√°tica cuando el tema son las carreras locales. Se han creado dos mundos diferentes.

Afuera, sea en Europa o Norteam√©rica, los corredores nacidos en Colombia pero representando firmas extranjeras, algunas de ellas equipos World Tour, ponen muy en alto su nombre y el de su pa√≠s de origen, y son seguidos a trav√©s de infinidad de medios de la informaci√≥n con toda la gama tecnol√≥gica, lo que hace que el ciclismo pr√°cticamente se viva en casa. Por eso, corredores como Nairo Quintana, Rigoberto Ur√°n y Carlos Alberto Betancur, quienes por su cronograma de actividades jam√°s ganaron una Vuelta a Colombia o un Cl√°sico RCN, son m√°s conocidos que aquellos que llevan d√©cadas corriendo en nuestro pa√≠s. Este divorcio ‚Äúinvoluntario‚ÄĚ entre lo de aqu√≠ y lo de all√°, tiene m√°s de una causa y, dentro de √©stas, unas m√°s relevantes que otras. Pero en sumatoria, se produce el efecto poco deseado de tener que vivir en dos escenarios tan dis√≠miles que nadie lo podr√≠a imaginar.

Uno de los primeros factores en incidir en este tipo de fen√≥menos es el mal llamado patriotismo o patrioterismo, que conlleva el cubrimiento de los eventos cicl√≠sticos obedeciendo al momento, a la noticia de moda, al boom medi√°tico, etc., pero jam√°s a un verdadero respaldo al deporte colombiano. Prueba de ello es que hace quince a√Īos todos los medios de comunicaci√≥n hablaban d√≠a y noche de Juan Pablo Montoya‚Ķ, no hab√≠a tema diferente; hablaron tanto que llegaron a endiosarlo. Y en las calles, en los andenes y en todas las cafeter√≠as de esquina que existen en nuestro pa√≠s, los aficionados, eruditos en el tema, entablaban largas tertulias en torno a lo que fue el fen√≥meno deportivo de la d√©cada; al menos para la Prensa. Cuando √©ste se retir√≥, jam√°s se volvi√≥ a mencionar la F√≥rmula Uno en ninguna parte. Entonces no se estaba promoviendo una actividad deportiva, sino que se estaba obteniendo lucro de una imagen que pod√≠a explotarse en ese momento. Cuando los mercaderes de la publicidad en los diferentes medios pudieron llenar sus bolsillos aprovechando los pedalazos de Luis Herrera y Fabio Parra, lo hicieron sin dudarlo un instante; al retirarse ellos, poco importante resultaba seguir hablando de ciclismo. Ya no era rentable. Y con seguridad suceder√° lo mismo cuando, por la raz√≥n que sea, quienes hoy se suben al Podio en las pruebas m√°s importantes del mundo no puedan hacerlo. Entonces estos mercaderes empacar√°n maletas y enrumbaran sus pasos hacia otros lares donde brote el dinero.

Como es sabido por todos, el deporte en nuestro país siempre ha sido mendigo de primer orden, así como lo son la Salud, la Educación y el Trabajo. Esperar milagros provenientes de una clase política, históricamente corrupta, sería poco más que irrisorio.

Los entes reguladores del deporte, particularmente del ciclismo, con contadas excepciones, por incapacidad y/o permisividad, han hecho perder la credibilidad del ciclismo colombiano ante el mundo en general, de tal suerte que nadie tiene como primera opci√≥n venir a correr a nuestro pa√≠s por escepticismo en el control antidopaje, por la pobre premiaci√≥n, y por la categorizaci√≥n UCI en la que se encuentra la Vuelta a Colombia. No es por la topograf√≠a, por el agreste clima tropical o por el cruce de calendarios como muchos afirman. Carreras a√ļn imberbes como el Tour de San Luis, en Argentina, nos est√°n superando con facilidad.

Ese mismo bistur√≠ que muchos han empu√Īado, hace que en la actualidad las carreras locales sigan siendo ganadas por corredores veteranos de mil batallas, que haya otros que acumulan en sus piernas diez o quince Vueltas a Colombia sin salir jam√°s del anonimato, compartiendo carretera con otros m√°s que envejecieron ganando las mismas metas volantes, los mismos premios de monta√Īa, las mismas etapas‚Ķ, en los mismos recorridos; asesorados por los mismos t√©cnicos de hace treinta a√Īos, la misma prensa de hace cuarenta y con las mismas ma√Īas de hace sesenta. Es un ciclismo macondiano que resulta muy c√≥modo para una minor√≠a, pero que se torna insoportable y aberrante para quienes a√ļn creen en que el deportista colombiano puede, en masa, llegar a generar muchos m√°s resultados de los que unos pocos, gracias al trabajo quijotesco de otros m√°s, han logrado.

El deporte, casi siempre, suele ser una clara radiografía de lo que es un país y, para el caso colombiano, difícilmente podría ser la excepción.

Colombia seguirá produciendo muchachos como Nairo Quintana, Sergio Luis Henao, Rigoberto Urán, Carlos Alberto Betancur, Janier Acevedo, Dárwin Atapuma, etc., pero infortunadamente, también seguirá produciendo mercaderes corruptos que se lucran con el sudor ajeno.