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¡Como siempre...con Ave Marías ajenas!


Por Hernán Payome Villoria



Colombia, tercer cajón en el UCI Ranking World Tour.

Los protagonistas en esta ocasión son Nairo Quintana, Sergio Luis Henao, Carlos Alberto Betancur y Rigoberto Urán. Un cuarteto de corredores que junto a Serpa, Sarmiento, Anacona, Atapuma, Acevedo, Duarte y muchos más, ha dejado en claro que en Latinoamérica el mejor ciclismo de exportación lo tiene Colombia.

Sólo superados por España, país que acumuló 1890 puntos en las piernas de Rodríguez, Valverde, Moreno, Contador  e Intxausti, y por Italia (1082) con Nibali, Scarponi, Pozzovivo, Gasparotto y Pozzato, los nuestros lograron un histórico tercer lugar gracias a las actuaciones en carreras como el Tour de Francia, el Giro de Italia, el Tour de Polonia, la Lieja Bastogne Lieja, la Flecha Valona, la Amstel Gold Race, etc.

De los 1011 puntos acumulados por los corredores colombianos, Quintana aportó 366, Betancur 255, Henao 227 y Urán 163.

Nuevamente debemos hacer énfasis en que este sitial en el concierto ciclístico mundial, sólo pudo lograrse a través de equipos World Tour como el Movistar (Nairo Quintana), Ag2r (Carlos Betancur) y SKY (Sergio Luis Henao y Rigoberto Urán). En otras palabras, son ciclistas colombianos, pero no es el ciclismo colombiano, aunque esto nos deje al borde del llanto. Mientras Colombia no tenga un equipo de la categoría UCI World Tour, este escalafón sólo podrá obtenerse con la vinculación de nuestros ciclistas a escuadras que sí lo sean. De tal manera que no es el momento de atribuirse triunfos ajenos pues todo el esfuerzo y el mérito corresponde a quienes se quiebran el lomo sobre una bicicleta. Querer ganar indulgencias con Ave Marías ajenas no le queda nada bien a nadie, ni a los que ayudaron realmente, y mucho menos a quienes jamás lo hicieron.

No les queda bien a los mecenas y patrocinadores de juventud ni a los equipos en donde dieron sus primeros pedalazos pues, se asume, fueron apoyo y orientación prestados con voluntad, sacrificio y desinterés, sin el ánimo malsano de querer salir en las fotografías años después. Y menos le quedará bien a la dirigencia deportiva de nuestro país salir a reclamar públicamente triunfos que no les corresponde, pues lo logrado por los muchachos, es más producto de su esfuerzo personal que el de una auténtica  estructura del deporte nacional que pueda proyectar a mediano y largo plazos resultados de esta magnitud. Esto nadie lo imaginó y mucho menos lo programó. Es decir, no es el resultado de un plan diseñado.

La labor de los entes rectores del deporte de Colombia (no solamente del ciclismo) debe ser entendida de carácter obligatorio para el Estado pensando en construir una sociedad digna que genere por sí misma los frutos que habrán de caerse por su propio peso, sin que estos sean producto del azar, de las contingencias de la vida,  de la improvisación o del  factor suerte.

Para  poder hablar de un auténtico y efectivo trabajo en el ciclismo colombiano, con la frente en alto, tendríamos que retomar con seriedad el proceso de las Escuelas de Ciclismo, la reestructuración de Clubes y Ligas, la fundamentación, capacitación y actualización de los técnicos deportivos y de los comisarios de juzgamiento, la revisión del contrato a los corredores, la implementación de una auténtica y efectiva comercialización de las carreras, el control y rechazo a los mercenarios del deporte, aquellos que dejan a muchos de nuestros jóvenes lesionados de por vida o sumidos en el oscuro mundo del dopaje, etc.

En otras palabras, el camino es largo y culebrero y aún hay mucho por hacer. Ya llegará el momento para fotografías y cocteles pero, mientras tanto, es mejor dedicarnos a trabajar y a hacer las cosas al derecho y no pretender ganar indulgencias con Ave Marías ajenas. ¡Amén!