Usted está en:
Portada Editorial ¡Hemos mejorado sí, pero no importa!

      

¡Hemos mejorado sí, pero no importa! PDF Imprimir E-mail



Por Hernán Payome Villoria


Cumplidas las ¾ partes de la temporada 2013, queda un buen balance del desempeño de los corredores colombianos en las carreteras de Europa. Definitivamente, pese a las falencias de las que siempre ha sufrido el ciclismo colombiano, el presente es bueno y el futuro se muestra muy promisorio pues se cuenta con un buen manojo de talentos, jóvenes además, que con seguridad seguirán ocupando lugares de privilegio en la próxima década.

Hasta hace un par de años, parecía que nadie podría emular lo hecho por aquellos de la generación Parra-Herrera, aquella de los años ochentas. Era impensable volver a ocupar podio en el Tour e inaugurar el del Giro. Sin embargo la “sorpresa” vino con Nairo Quintana y Rigoberto Urán quienes ya son reconocidos en el concierto ciclístico internacional como las nuevas figuras latinoamericanas. Pero hay algo más allá, más profundo, algo que trasciende del cambio generacional. Es que la exportación de corredores no sólo ha permitido que algunos de ellos logren importantes contratos en equipos World Tour sino que, por la misma razón, tengan la posibilidad de hacer parte de un segmento del ciclismo de ruta que durante seis décadas fue prácticamente vedado a los nuestros: las Clásicas de un día. Esta circunstancia hacía que no solamente para los corredores sino para el público y la prensa de nuestro país se tomaran las tres grandes vueltas como el único objetivo en la mira. Hasta los años setentas el interés radicaba sólo en la Vuelta a Colombia, en el Clásico, y en dos o tres vueltas nacionales de territorio latinoamericano: Méjico, Chile, Táchira, etc.

A partir de los ochentas se abrió un poco más el visor, y comenzó a hablarse y entenderse todo lo relacionado con el Giro, Vuelta y Tour. Ahora, gracias a la participación de ciclistas colombianos en equipos como el Sky, Lampre, Ag2r, Cannondale, etc., el ciclista colombiano, el público y los medios de comunicación comienzan a hablar con mayor propiedad y asiduidad de “Los Monumentos del Ciclismo”, de la Paris Roubaix, del Tour de Flandes, la Lieja Bastogne Lieja, la Milano San Remo y el Giro de Lombardia. Y no solamente se comenta, sino que no se descarta la posibilidad de triunfo o protagonismo en alguna de ellas. Esto amplía el horizonte, la demanda en el mercado, mejora el perfil de los nuestros, nos vuelve más competitivos, etc., ya que comienza a dejarse un poco atrás ese concepto romántico de que el ciclista colombiano es estrictamente escarabajo y nada más, y que si no hay suficiente montaña seremos presa fácil de los adversarios.

Ahora el concepto ha cambiado; al  menos ha iniciado un importante cambio. El ciclista colombiano, para los tiempos actuales, debe ser un ciclista completo en toda la extensión de la palabra. Ya no es aquel muchacho tímido que emotivamente saludaba al papá, a la mamá y a su patrocinador, todo dentro del más increíble marco de humildad. Hoy el ciclista colombiano tiene más de un sello en su pasaporte, se expresa con inocultable propiedad, posiblemente domina más de un idioma; ciclísticamente hablando ha aprendido a  defenderse en todo tipo de terrenos, sube, baja, está atento en la parte delantera del grupo, está en los embalajes y, también, sabe dar codo y se hace respetar. Hemos cambiado, hemos mejorado, pero aún falta. Falta muchísimo más, porque las cosas deben ser siempre acordes con la calidad innata de nuestros deportistas. Entonces no podemos desgastar los nombres de Urán, Quintana, Henao, Betancur, Anacona, Sarmiento, Atapuma y Duarte, porque ellos no son los únicos, ni los únicos con potencial talento. En Colombia las cifras de participación en las carreras juveniles son inmensas. Contrario a lo que podría creerse ante la apatía de un sector del público, el abandono de los medios de comunicación en las carreras regionales y la dificultad para realizar chequeos y competencias, Colombia sigue siendo un gran semillero de ciclistas de proyección internacional. Por eso no puede descuidarse ni un segundo el trabajo de los juveniles, de los Sub 23 y, mucho menos, sacrificárseles por sacar resultados inmediatos con corredores que ya lo han corrido y ganado todo. En el ciclismo la primera palabra que debe asimilarse es Paciencia. Infortunadamente para el empresario colombiano esta palabra no existe en su léxico cotidiano. Por eso resulta muy difícil encontrar quién apoye económicamente un proceso que perfectamente puede tardar cinco o más años para la obtención clara de resultados; es obvio que la inmediatez en el cumplimiento de metas genera más dividendos, pero se deja morir de inanición la gallina de los huevos de oro, que no es otra que la inmensa cantera de corredores que circulan por nuestras carreteras.

Hemos mejorado, sí, en muchas cosas. Tanto hemos mejorado que ya hay un mayor cubrimiento de pruebas internacionales gracias a convenios con quienes originan la señal. Para el caso de nuestro país, resulta reconfortante que más de una empresa privada le apueste a la transmisión de carreras como el Clásico y la Vuelta, pese a que el nivel técnico aún debe cumplir con un largo proceso de perfeccionamiento. La imagen televisiva de las carreras europeas y norteamericanas se puede "negociar", pero la de las carreras locales se debe “mejorar” o simplemente cubrir los costos para que otros lo hagan. Pero, indudablemente, hay que buscar la perfección, porque los corredores también, cada día, kilómetro a kilómetro, están en busca de ella. Y ese perfeccionamiento, representado en la calidad de imagen y sonido debe ser ya mismo, porque el momento que vive el ciclismo así lo requiere; es una oportunidad que no debe desaprovecharse porque, de no hacerse ahora, posiblemente dentro de veinte años sigamos hablando de lo mismo. Quizás sólo puedan transmitirse los últimos 30 minutos de cada etapa, pero tiene que ser un trabajo PERFECTO, como el de la RAI, como el de Unipublic, etc. En ese aspecto, los medios de comunicación también deben luchar por subir al podio. Y también deben luchar por estar en carreras a las que jamás han ido, como las Clásicas de Primavera, clásicas de un día, independientemente de si hay o no participación colombiana. La Prensa colombiana debe comenzar a hacer presencia en “el infierno del norte”, en “la clásica de las hojas muertas”, en “la decana de las clásicas”, en “la clásica de la cerveza”, etc.  No puede dejarse toda la responsabilidad a los muchachos que van montados sobre una bicicleta; las empresas privada y estatal, la banca,  la prensa en general y toda la afición colombiana deben poner su granito de arena, y no dormirse jamás, y mucho menos en este preciso momento.

¡Estamos mejorando, sí,  pero no importa!